Desde hace unos días estoy releyendo este blog, desde el principio.
Desde el final, quería revivir el principio.
Han sido 16 años de un trabajo intenso, de un quehacer diario
inmensamente rico, alucinante. Nunca lo imaginé aquella mañana en que la
directora del hospital me propuso iniciar esta aventura: implantar los Equipos
de Soporte y Atención Domiciliaria (ESAD) en las zonas rurales de Calatayud y
Alcañiz, en Aragón. Iniciar y dar a conocer eso de los Cuidados Paliativos que
poca gente sabía qué significaba e impartiendo información en los Centros de
Salud, donde nos recibieron con los brazos abiertos.
Es increíble lo que he aprendido acerca de la vida en estos
años, los más hermosos, con diferencia, del resto de mi carrera profesional.
Empecé mi andadura, o mejor dicho, me soltaron, recién acabada
la carrera, en un pueblo de la provincia de Teruel. Allí estuve 3 años, y tuve
la gran suerte de contar a mi lado con un enfermero, Don José, bregado en mil
batallas; era comadrón y había sido el médico del pueblo en las épocas en que
éste faltaba. Era bastante mayor que yo y me puedo imaginar lo que pensó al
verme aparecer por allí… Me ayudó como a una hija, siempre cerca para que no
metiera la pata, cosa habitual en los inicios, me echaba sutiles capotes para
que los pacientes no fueran conscientes de mis abundantes carencias, y me
enseñó la mayoría de las cosas prácticas que aprendí con agradecimiento
infinito.
Posteriormente, por cosas de la vida, fui a dar con mis
huesos en un hospital comarcal de una comarca del Pirineo, en la vertiente
atlántica. Allí, como médico en Urgencias, me bregué en mil batallas. Pasé miedo,
tuve que aprender a tomar decisiones vitales sobre la marcha, a dormir a
trompicones. Los adjuntos estaban localizados, y podían tardar tiempo en llegar
al hospital, lo que suponía que la primera media hora u hora completa, te “la
comías tú”. Únicamente estábamos presentes de forma continuada, las 24
horas, un enfermer@ y un recepcioonist@, que hacía las veces de celador si era necesario.
No contábamos con UCI en el hospital, y para los traslados que la precisaban, en
ambulancia a un hospital cercano (1 hora de viaje), nos turnábamos los de
Urgencias, así como para hacer de ayudantes en intervenciones quirúrgicas de
urgencia. Aprendí a manejarme con prisa, a resolver “ya", a decir “Dios
mío, Dios mío” en voz bajita y a aparentar una seguridad que estaba muy
lejos de sentir. Hubo momentos muy duros, grandes y de una alegría infinita, y
otros tremendos, que te hacen perder el sentido de la vida y dejar de creer.
Tras unos cuantos años, cuando comencé a oír sirenas de
ambulancias que no existían y a sentir el nerviosismo subir desde el dedo gordo
del pie hasta el último pelo de mi cabeza, decidí salir de allí y volver.
Después de unos años en hospitalización, pasando planta,
llegaron mis queridos Cuidados Paliativos. Y hasta aquí. El resto ya lo conocéis.
Ahora, repasando este bendito blog, que ha sido mi fiel compañero
de viaje, soy aún más consciente de todo lo hermoso que he vivido, de lo dado y
lo recibido, que es más, de cuánto han cambiado mi vida, del cambio que se ha
producido en mí, y me da la sensación de que estoy en otro lugar, que he pasado
de pantalla, que va a ser verdad que vivo en “los mundos de Yupi”.
Ahora, que la soledad me acompaña gran parte de las horas,
aunque intente llenarla, me falta “chicha”. Me falta “ViDa”, esa ViDa de
la que tanto he hablado en el blog. Así que he decidido cambiar de lugar y de
forma de vivir, dejar las rutinas que me están carcomiendo el alma y no me
aportan, dejar a la gente que siento lejos aunque esté cerca físicamente, y
empezar otra aventura en un lugar nuevo, con otras gentes, otros paisajes,
cerca del mar y de la montaña, con mi pareja y nuestra perra.
Y en eso estoy….