Este es el blog de un equipo de Cuidados Paliativos... trabajamos "a pie de cama", en el domicilio del paciente, en su espacio más íntimo y personal.

Todos los días hay un viaje distinto, duro, sorprendente, triste, emocionante... y con un final.

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jueves, 12 de enero de 2012

CoNTaR PaRa No oLViDaR...

Josefa siempre fue una mujer activa, vivaracha y con una risa de niña grande. Su vida fue dura, trabajó de casi todo y hasta hace bien poco trajinaba por el huerto y se subía a una escalera que apoyaba en los árboles para coger la fruta y cargarla después, sin una duda, en cestos que a mí me costaba levantar.

Tiene 84 años y desde hace unos cuantos padece diabetes (con lo que le gusta el chocolate y el melón!), una recién diagnosticada demencia que empaña su memoria como un cristal en invierno y una artrosis que duele pero que no le impide ir y venir, hacer y deshacer, amar y reír, tumbarse en la hierba cuando hace calor, dar de comer a los gatos, regar las plantas... y que sé yo cuantas cosas más.

Su marido fumaba mucho y cuando falleció, al ir a enterrarlo, ella dejó encima del féretro varios cigarrillos por si le apetecían allá arriba.

Hace una semana sufrió un ictus severo que la tiene postrada en un coma profundo en una cama del hospital. Su cara es plácida, permanece dormida, como si una noche cualquiera la hubiera sorprendido el sueño. Pareciera que en cualquier momento fuera a abrir los ojos, mirar a sus hijas y decirles que qué hacen allí mirándola.

A Josefa le gustaba contar cuentos y cantar y, en estos días de trajín, sus hijas han descubierto un tesoro, su legado. En su casa, bien cuidados y ordenados, había varios cassetes, de esos que sólo conocemos los que tenemos cierta edad, con canciones, cuentos e historias grabadas por ella, además de un diario que escribía desde hace varios años. "Lo mejor que tengo: mis tres hijas".

Sus dos hermanas mayores hace años que padecen la enfermedad que borra los recuerdos y ella tenía miedo de que le pasara lo mismo, le había dicho en alguna ocasión a su hija. Por eso recordaba y lo contaba, y si con el pasar del tiempo algo se olvidaba, lo podría volver a escuchar o leer y así traerlo de nuevo a la memoria.

El día en que la entierren, en los bolsillos de su vestido llevará chocolatinas, de las que se guardaba en la bata cuando creía que nadie la veía y, puede ser, que una de sus canciones la acompañe en su último viaje.

Ha disfrutado de la vida hasta el último instante y, probablemente, ha sido muy feliz.

No es paciente mía, su hija es mi amiga.




6 comentarios:

Matute dijo...

PRECIOSO!!!.

Buruñete, "pariente" de Burupetu dijo...

Precioso, humano, tierno, dulce...
Tenéis una calidad humana impresionante y cada día mi admiración por vosotras crece un poco más.
Un beso.

Antonio R. dijo...

¡ Qué gran amiga tiene tu amiga ! Me sigue emocionando cómo cuentas las cosas de la vida. Besos

Violeta dijo...

Muchas Gracias a los tres.
MUACS!!!

Jotaele dijo...

Entrañable. Sencillo. Genial. La conocí el dia que nos alojamos en la casa. Un abrazo a la familia.

Jose Luis Medranda

Samotracia dijo...

Mi padre llevó los dibujos de sus nietos y una bolsita de caramelos de café.
Ni siquiera en el momento final le dejamos solo.
Preciosa historia y precioso blog.
Gracias!