Este es el blog de un equipo de Cuidados Paliativos... trabajamos "a pie de cama", en el domicilio del paciente, en su espacio más íntimo y personal.

Todos los días hay un viaje distinto, duro, sorprendente, triste, emocionante... y con un final.

¿Nos acompañas?.



sábado, 16 de febrero de 2019

oTRa HiSToRia...



Julio es alto, de figura imponente. Serio, aunque una sonrisa amarga se asome a sus labios de vez en cuando.

Tiene 86 años. Fue un alto cargo de la administración junto a su esposa, que estudió dos carreras y que ahora, callada y sentada a su lado, se balancea continuamente debido a esa enfermedad que borra los recuerdos y embadurna a todo el que se acerca.

Hace dos meses, tras un catarro casual que no acababa de curarse, le hicieron una placa y, tras posteriores pruebas, le diagnosticaron un cáncer. Él llama a las cosas por su nombre. Por su patología y sus antecedentes era complicado hacer un tratamiento efectivo.

Nos relata su vida de manera ordenada, tiene necesidad de decirla. No fue fácil... en varias ocasiones las lágrimas fluyen y el silencio nos envuelve a todos. La emoción entra y sale, las incertidumbres flotan en el aire, las preguntas se alargan sin encontrar las respuestas. No las hay, o yo no las conozco.

Salimos tocadas, para variar. Bendito tocamiento… que nos infla las alas para seguir volando.




domingo, 10 de febrero de 2019

uN iNTRuSo...


Esta tarde haciendo limpieza de papeles he encontrado esta joya. Es lo que tiene guardarlo casi todo, que cuando decides poner orden, aparecen cosas de las que no te acordabas y que te devuelven a intensos momentos vividos. La verdad es que no sé si ya lo compartí, pero creo que, aunque así fuera, no está de más recordarlo.


Un intruso decidió instalarse en mi ovario. Lo hizo de manera cobarde, en silencio y nadie sabe cuándo sucedió. Vivió agazapado, parasitándome poco a poco, invadiendo toda mi cavidad abdominal. Tan solo dio la cara cuando la gravedad ya era demasiada. Su estadío, el 3.

Al conocer la noticia me quedé en estado de shock. Y aún me mantuve así una temporada, entre que me sometían a cirugía y llegaban los resultados finales. Cuando éstos llegaron, hubo que tomar una decisión. En realidad fueron varias. La primera fue decidir que iba a salir adelante, que no pensaba morir, y la segunda fue la de buscar toda la información y los recursos necesarios para llevar a cabo la primera idea.

En los momentos en que el ánimo flojeaba, me imaginaba la cara de mis hijos sin mí y volvía a recuperar fuerzas.

Es complicado, pero hay que intentar las decisiones adecuadas al principio, aunque lógicamente habrá que seguir tomándolas durante todo el proceso.

Yo decidí cerrar el camino a la rabia o al enfado, pensando el por qué me había tocado a mí. Consideré que estas preguntas sin respuestas sólo me llevarían a meterme en una dinámica de desánimo que no me ayudaría a superar la enfermedad.

Por el contrario, decidí enfrentarme a la situación sin rencor, sin luchar contra él, porque pensé que, quisiera o no, el cáncer era una parte de mí y si luchaba contra él, lucharía contra mí misma. Por otro lado, creo que cuando luchas contra algo lo legitimizas y le das poder, yo no deseaba eso. En todo momento he querido ser yo la dueña de la situación. Nada de lucha, pero haciendo todo lo posible para que desaparezca, pero siempre con amor, sin darle tregua ni fuerza. La fuerte soy yo, no él.

Y con esta filosofía van pasando los meses y, contra pronóstico, voy avanzando y él retrocediendo mucho más rápido de lo esperado.





martes, 22 de enero de 2019

La TieNda...


Cuánto cuesta a veces cerrar etapas. Cerrar las puertas de estancias que han conformado una vida. Los rincones vuelven a llenarse de gente, las caras conocidas asoman tras los objetos que han dado forma a tus horas y las voces llenan de armonía el espacio… ya vacío. Cuántos párrafos de existencia, cuántos renglones torcidos, cuántas mayúsculas, cuántos puntos suspensivos, cuántos silencios plenos de verdades no dichas,… Ahora, ya sin lo accesorio, lo veo.

Para mí, al principio, fue refugio, merienda y olor a lápiz, libreta y cartera. Después punto de encuentro y en los últimos años lugar de trabajo compartido.

Siento, huelo, intento impregnarme de la atmósfera, de las distancias, de los huecos, de los muebles, de las emociones contenidas entre estas paredes que formaron parte importante de mi vida. 

Observo al silencio deslizándose desde la mesa hasta el suelo, reptando por la pared un susurro que escucho pero no entiendo. En los cajones, sinceridad y en los cientos de miles de carpetas con papeles, toda una vida dedicada a un objetivo. Cumplido. La luz me hace guiños, y descubro a medias lo que fue porque pudo ser. A menudo las cosas no se quieren… se pueden. Y mi familia pudo.

Parece ser que al cerrar uno abre. Y si, se abre otro paisaje, otra forma de existir, otras maneras y también se estrena pelaje porque, en momentos determinados de la vida, sabes quién está y quien no va a estar porque no estuvo, aunque creyeras otra cosa.

Cambio. Quiero y quiero poder.




sábado, 5 de enero de 2019

MáS ReYeS...


Que no se olviden, por favor! Que no se olviden!!, he oído esta mañana detrás de mi. 

Me vuelvo y veo a un niño repitiendo este "mantra" de la mano de, la que supongo, su abuela. Me he apartado a un lado para verlos mejor. 

La abuela le ha contestado: No te preocupes Carlos, los Reyes se acordaran seguro de que mamá se ponga buena.


Puede sonar preparado o a destiempo, pero es real. Por eso yo a los Reyes siempre les pido cosas de esas que no venden en las tiendas, de esas que llegan al corazón y se reciben abrazando la vida... Y, de momento, tengo suerte porque no fallan!!





lunes, 31 de diciembre de 2018

2019...




Y acaba el año.

Me pasa que no lo puedo cerrar del todo… por los bordes asoman retazos de colores y algunas reliquias. No sé si me servirán todavía o tendré que darlos, porque he crecido este año. 

Los tesoros los guardo y los amores los comparto. Ha sido un año repleto de ViDa.

Salud, ilusión, esperanza, amor,... y mi mejor deseo para este año y los que nos queden por ViViR.



lunes, 24 de diciembre de 2018

PaZ...



Las palabras NO se las lleva el viento… 

Las palabras tienen el poder de curar o herir a una persona…

Medita antes de hablar, a veces permanecer callados es la mejor opción.

Por eso, cuida tus palabras.


Habla de tal manera que en tu alma y en la de los demás quede la Paz.




Ah! La fotografía de esta espléndida luna llena está hecha desde la terraza de mi casa. 
Un lujazo!!!


domingo, 16 de diciembre de 2018

27:59...


Intento “Tener la cabeza donde tengo los pies”. Lo he leído por ahí y de verdad que lo intento.

Lola ha muerto y me ha tocado. Ha fallecido a los 6 días de conocerla y a los 23 de un diagnóstico que le puso de repente la vida al revés. Ha fallecido cuando, como decía su marido, Aún no sabemos por dónde nos vienen las hostias”.

De la rabia y la incredulidad del inicio pasó a una dolorosa aceptación, que no resignación, las preguntas iban y venían de su mente… sin respuesta. 

Poco a poco la fue envolviendo una desidia, un desinterés y una calma que la llevaron en volandas, día a día, hacia el desapego que precede al final del viaje.

Llegó un momento en que ya no habló más, cerró los ojos, cesó el dolor y aumentó la inquietud. Todavía quedaba mucho por vivir, aún no era el momento.

Sin despedirse, sin apenas medicación, suavemente se deslizó, se fue en medio de una luz tenue y rodeada de los suyos. Acabábamos de irnos. 

Mientras paseo veo a lo lejos un reloj que marca las 27: 59… y pienso, “Ufff, menos mal!!”.



sábado, 8 de diciembre de 2018

DoLoR Y SiLeNCio...


La casa es sencilla, acogedora. Acuarelas en rojo y azul nos abren paso al dormitorio que, como suele ser habitual, está  al fondo a la izquierda o a la derecha. Huele a pan con tomate y a fruta, el marido de Lola se disponía a desayunar cuando hemos llamado a la puerta. Tras unas breves frases susurradas sobre el mantel de la mesa de la cocina, nos adentramos pasillo adelante. 

Entramos despacio, tranquilas - la cama ubicada fuera de su lugar para hacerla más práctica-, y tras el primer paso nos invade un dolor espeso y una profunda pena. Lola abre los ojos y apenas nos mira, su vista recorre la habitación, a su marido, a su hija y al pequeño perro que se adapta a la forma de su cuerpo, sobre la colcha.

Nos cuentan que él se jubiló en febrero y su hija se casó en abril y está embarazada. Lola tiene 57 años y apenas ha visitado al médico un par de veces en su vida. Una vida sana, remarca su marido.

Hace apenas 20 días fue diagnosticada de una neoplasia de páncreas en estadio avanzado, tras una visita casual a urgencias a causa de una tromboflebitis. Todavía estuporosa, no sale de su asombro, “Si hace un mes yo estaba tan bien, mi vida era normal... Ahora tengo una losa sobre mi cabeza que ocupa todo mi pensamiento. Todo lo demás se ha ido difuminando, ha desaparecido. No puedo pensar en nada más”, dice sin mirarnos mientras las lágrimas recorren su preciosa cara. Por qué a mí?, pregunta a alguien o a algo, no a nosotras. El silencio se pasea por la habitación, no tenemos respuesta. No es queja, ni lamento. Es la vida y la muerte caminando al unísono. Habla despacio, con calma contenida. “No se han equivocado, cada día estoy peor. Pero no puede ser, no puede estar pasando, no puedo ni imaginármelo siquiera… Es una pesadilla de la que no consigo despertar”. Las lágrimas continúan su camino, el perro se acurruca cada vez más junto a ella y un dolor hondo nos traspasa la ropa, empapa nuestra piel llegando hasta el alma, como la niebla que nos ha acompañado durante todo el viaje hasta su casa.

Nos acabamos de conocer, es la primera visita. Nada sirve, solo estar, escuchar, acompañar, acariciar, mirar... Yo no me atrevo a decir nada que entorpezca el desahogo, la rabia, la expresión de su dolor. Sólo el silencio nos corteja.

Su esposo y su hija asisten mudos en un segundo plano, elegido por ellos.

No soy consciente del tiempo que permanecemos allí. La vida se ha detenido. Pero creo que es una de las visitas más dolorosas que recuerdo.






domingo, 2 de diciembre de 2018

CoN eSCuCHaRLo uNa VeZ, Ya BaSTa...


Y me pierdo. Me pierdo en el mar, entre las montañas, pisando hojas amarillas, escuchando el rumor de las olas, viendo el ocle rojo esparcido en la arena, sintiendo el frío en la piel.

Porque se me apodera el sufrimiento. Me duele Luis cuando sale de la habitación al tiempo que nosotras entramos en ella. Me duele que le duela no querer escuchar una vez más que su mujer se muere, Con escucharlo una vez ya basta”. Me asombra la biografía de su hija, me quedo con la sonrisa de su madre. Escucho historias de generosidad, de lealtad y de amor, de guerra y dolor, en blanco y negro y en color, escondidas entre un rumor de visillos, enmarcadas por tristes miradas que tras unos minutos de conversación, no más, se tornan risueñas y nos devuelven la vida. La vida que intentamos dar, la que nos transforma mientras la vivimos.

Mi quehacer diario se convierte en mi vida y viceversa… Y me pierdo.



domingo, 4 de noviembre de 2018

MieNTRaS PoDaMoS...



Uno decide alejarse de lo cotidiano por diferentes motivos. Para dar un respiro a la mente, al espíritu, al cuerpo... o a los tres.

La calma se alterna con otra versión del día a día. Te adaptas rápido a la nueva existencia, los sueños cambian su vestido, la mirada se extiende hasta el infinito. Quizás las cosas pueden verse desde otra perspectiva, puedes redondear algún canto afilado y eres consciente de todo lo que tienes, de todo lo que eres. Una persona afortunada con el universo pendiente siempre de ti. Una persona a la que la naturaleza ha dotado de grandes cualidades que, probablemente, se encuentran infrautilizadas. Una persona a la que la vida se le enreda en los pies para que no la pise de puntillas.

A Teresa, una de las últimas pacientes que vi, le faltaba una pierna. Sólo pensaba en caminar, como fuese. Soñaba repetitivamente que andaba y corría por un campo de trigo verde… Al final del sueño, las espigas la hacían tropezar y caer.

Mientras miro el mar pienso que yo tengo dos piernas que puedo utilizar y que responden a casi todos mis deseos. Decido pasear y pasear, andar hasta el agotamiento. Por qué? Porque puedo.