Este es el blog de un equipo de Cuidados Paliativos... trabajamos "a pie de cama", en el domicilio del paciente, en su espacio más íntimo y personal.

Todos los días hay un viaje distinto, duro, sorprendente, triste, emocionante... y con un final.

¿Nos acompañas?.



viernes, 6 de enero de 2017

NoCHe De ReYeS...


 
En esta noche mágica los Reyes Magos han llegado más silenciosos que otros años, casi como olvidados a ratos. Ha sido una noche diferente, faltaba demasiada gente importante.

Antes de acostarme dejé el zapato bajo la ventana, como siempre, y como siempre un pequeño ritual se adueñó de mí mientras lo hacía, es como un mantra que atrapa mi espíritu en ese momento mágico en el que el deseo va de mí al más allá y luego al zapato, para volver a mí de nuevo. Mi madre sonreía extrañada mientras colocaba los dos zapatos juntos. Mi madre y yo.

A veces uno cree que las cosas se van recolocando, que todo vuelve a tener sentido, que la ilusión recobra la consciencia, que el universo se ordena de nuevo,… cuando de pronto, sin previo aviso, te asalta el sinsentido, la tristeza, la soledad,… la sonrisa se hace la remolona, la esperanza juega al escondite, los sueños se dispersan y te encuentras con las manos vacías, mirando por la ventana.

Pero sé que queda mucho por vivir, aunque ahora sienta el atardecer. Sé que cuando salga el sol y el cielo despierte un día más yo también estaré allí, despierta, con el sol en la cara. Dispuesta… consciente y orientada. Como siempre.


Alma
 

sábado, 31 de diciembre de 2016

2017...


Quiero despedir este año con música. La música es PASIÓN.

La música nos acompaña casi siempre, la música imprime emociones, nos acerca a sentimientos que parecían olvidados, nos transporta a recónditos lugares, escribe de nuevo los recuerdos que estaban en el tintero, te saca a bailar,… hace de algunos momentos vivencias extraordinarias.

La música. Que a veces te hace llorar, que te lleva de nuevo a la fila uno, que te hace sentir lo más grande, que dibuja el paisaje y tiñe de color los días,… la música que nos corteja desde antaño.


Mis MEJORES DESEOS para toda la buena gente !!









sábado, 24 de diciembre de 2016

FeLiZ NaViDaD...


en esta casa…

cometemos errores

pedimos  PERDÓN

DAMoS  SEGUNDAS  oPoRTUNIDADES

N O S  D I V E R T I M O S

perdonamos

DAMOS ABRAZOS

tenemos paciencia

y sobre todo

nos queremos
 
 

jueves, 22 de diciembre de 2016

La LoTeRía NoS ToCa CaDa Día...

 
No me ha tocado la lotería, ni siquiera la postura… nada. Me alegro de que el universo no derroche sus energías en eso y las reserve todas para prolongarme la salud. Qué bien!!
 
Sólo quiero deciros que creo que el AMOR, la BONDAD y la COMPASIÓN todo lo pueden. Que el mundo sería un lugar más fácil de vivir si no cejáramos en nuestro empeño de ponerlas en práctica, desde nuestro entorno más próximo hasta el sinsentido más lejano a nosotros.

Si cuando el cielo despierta cada mañana, se nos despertara en nosotros también algo hermoso.

Si intentáramos saber antes de juzgar.

Si habláramos menos y mejor, con más calidad que cantidad.

Si utilizáramos el corazón como herramienta básica para vivir.

Si sonriéramos más. Si riéramos sin taparnos la boca.

Si besáramos todo lo que queremos. Ahora.

Si a nuestra familia de sangre les diéramos el espacio que quizás requieren,… si a nuestros amigos les otorgáramos la empatía justa para ponernos en su lugar,… si a los vecinos y gente del barrio les concediéramos la comprensión y el tiempo que necesitan para ser oídos,… si escucháramos a nuestros compañeros de trabajo intentado saber qué buscan y si, a pesar de eso, decidimos  seguir con nuestros hábitos,… si habláramos con desconocidos, sin miedo, solo con el interés de conocer y compartir.

Si el sufrimiento nos ha dado las claves para mirar hacia adelante sin temor, y el silencio y la paz por fin se agarran a nuestros corazones y eso nos ha dado un conocimiento más profundo de nosotros mismos y de nuestro entorno, es probable que nos entendamos mejor entre todos y hasta el infinito.


Defender la alegría como una trinchera,
defenderla del escándalo y la rutina,
de la miseria y los miserables,
de las ausencias transitorias
y las definitivas.

Mario Benedetti


domingo, 18 de diciembre de 2016

Y CoN LoS NiÑoS, Qué HaCeMoS?...

 
Cuando me diagnosticaron la enfermedad lo primero que pensé fue en nuestros hijos.

Hay muchas familias en las que hay niños pequeños, en éstos casos uno se plantea cual es la mejor manera de afrontar la situación.

Si se tratase de una enfermedad menor, que fuese a durar poco tiempo, es obvio que podemos evitar explicárselo a los niños. Pero cuando se trata de una enfermedad grave y duradera es mejor decírselo. Aunque la solución más fácil sea ocultarlo, no es lo más recomendable porque los niños tarde o temprano se enterarán y tal vez las conclusiones que saquen no sean las más adecuadas.

En nuestro caso, tenemos un niño de 5 años y una niña de 3. Desde el  momento en el que empecé a ir al médico para realizarme las primeras pruebas, les dijimos que íbamos al médico porque mamá tenía “pupa” en la tripa.  Cuando me operaron, el niño fue a verme al hospital y después han ido viendo la cicatriz mientras se curaba, y mi hija se empeñaba en enseñársela a las visitas. También les expliqué que debido a las medicinas que los médicos me estaban administrando, probablemente se me caería el pelo. Lo han tomado con tanta naturalidad, que presumen que su mamá esté calva.

Dentro de unos días vuelvo a entrar en el quirófano y ya les he explicado que estaremos su papá y yo unos días en el hospital para que me terminen de curar la tripa.

Como son pequeños a veces me preguntan por qué tardan tanto los médicos en curarme, yo les contesto que es un proceso lento, pero que no se preocupen que pronto me recuperaré.

 
Salud para todos.

 Paula Cruz



 

miércoles, 14 de diciembre de 2016

No ToDoS LoS DíaS SoN iGuaLeS...

Paula sigue escribiendo.

Quizás ha descubierto otra forma más de ayudarse a vivir y a enjabonar su mente y su cuerpo. 

De sacar afuera los miasmas y meter adentro los tesoros que rondan siempre a nuestro lado, a veces como jeroglíficos,... hasta que descubrimos su significado.

Paula sigue hablando de su proceso, de ese asunto que algunos hemos vivido muy cerquita desde afuera, pero por el que todos pasamos de puntillas, no vaya a ser que se despierte, alargue la mano y nos toque.


No vayáis a pensar que estos meses han sido fáciles. He tenido días de todo tipo, buenos, malos y otros muy difíciles. Tanto física como anímicamente. He intentado mantenerme positiva, pero no todos los días lo he conseguido. Aunque no deseemos tener días malos, también son necesarios y debemos permitírnoslos.

Como nuestra energía suele estar más baja de lo habitual, debido a la enfermedad, a la quimioterapia y a la cirugía, habrá días en que no podamos levantarnos, pero hay que pensar que el cuerpo es sabio y que la poca energía que tiene la emplea en sanarnos, no en permitirnos caminar.

Es duro enfrentarnos a los efectos secundarios de la quimioterapia. En mi caso después del tratamiento paso una semana complicada, aunque con ayuda de la acupuntura he conseguido paliar un poco esos efectos. Pero hubo algunos días en los que creí no poder aguantar tanto dolor.

Otro de los peores días, fue cuando comenzó a caérseme el pelo. Ya sé que es lo habitual, pero ese momento en el que noté que comenzaba a caerse a mechones fue brutal. Lloré y lloré.


El cambio de dieta también supuso otro punto de inflexión, porque al cuerpo siempre le apetece comer aquello que no puede. He intentado ser constante, pero aun así, alguna vez me concedo un extra. Tampoco es cuestión de autoflajelarse.

Como veis, hay días en los que el ánimo está a ras de suelo, pero eso no debe impedirnos llevar a cabo nuestro propósito de sanación. Todo el mundo tiene días malos, incluidos nosotros.

Además, otro factor a tener en cuenta, es que si nosotros estamos relativamente animados, todo nuestro entorno también lo estará. Esto es algo muy importante a tener en cuenta. Ayuda y mucho.



Paula Cruz







jueves, 8 de diciembre de 2016

aDióS aMiGo, aDióS...


Querido cáncer:
 
Te escribo ésta carta para decirte adiós, deseo que te marches lo antes posible.
 
Pero antes de la despedida, quiero darte las gracias por todo lo que hemos compartido éstos últimos meses.
 
Me has enseñado tantas cosas y tan importantes, que siempre te estaré agradecida.
 
Aprendí que nadie debe luchar contra ninguna enfermedad o problema. Lo primero es aceptar la situación y después ver las opciones que tenemos para sanarnos.
 
 
Que cuando uno emprende una lucha o batalla es porque tiene un enemigo y que nunca debemos considerar al cáncer cómo tal, al ser parte nuestra por estar alojado en alguno de nuestros órganos. Si decidimos luchar y vamos a combate tendremos muchas más posibilidades de perder que de ganar, él es un enemigo demasiado fuerte. Por lo tanto, ¿por qué no cambiar nuestro punto de vista y verlo simplemente como otra situación más que vamos a superar?. Si mantenemos el control de la situación habremos ganado gran parte del terreno a conquistar. Nuestra aptitud es lo que realmente nos sana.
 
También he aprendido mucho sobre alimentación. Para evitar comer aquellos alimentos que te aportan energía y te permiten crecer. De ésta manera, he conseguido debilitar tus células.
 
He aprendido a proyectar, imaginando una y mil veces cómo desaparecías, cómo la quimio mataba tus células y cómo células de los demás órganos continuaban vivas y felices. He visualizado otras mil veces a mis glóbulos rojos reproduciéndose, para hacer retroceder la anemia.
 
En fin, han sido y son tantas las cosas que he aprendido en tú compañía que te deseo un buen viaje.
 
 
Adiós.
 
Paula Cruz
 

sábado, 3 de diciembre de 2016

ViViR! eSTo No Se aCaBa ToDaVía...

A mi querida Paula la conocí un verano a través de una amiga común. Fue en un lugar lleno de encanto, rodeado de naturaleza, animales y personas que aportan, que llenan esos huecos que, en algún momento, todos tenemos. Por suerte, tengo varios lugares que me sirven de terapia, y este es uno de ellos. Bueno, pues Paula, por su timidez, su actitud, su vocación por su trabajo, por cómo formó su familia, por su vida anterior de superación constante,… es una gran mujer de ojos claros que encandilan.

La última vez que nos vimos estaba inmersa en un universo de pruebas médicas, porque no se encontraba bien. De ellas se derivó lo inesperado, aquello para lo que nunca uno está preparado, aquello que te sorprende oír y que crees que nunca te puede pasar a ti.

De una forma u otra hemos estado en contacto y hace unos días me mandó algo hermoso, algo grande: me mandó las referencias y los detalles de lo que es VIVIR, con mayúsculas. Ahí va!

Mi pronóstico hace cuatro meses, no fue malo, fue peor. Pero yo elegí vivir y a ello me dedico las 24 horas del día. No tengo otra cosa mejor que hacer.

Un intruso decidió instalarse en mi ovario, lo hizo de manera cobarde, en silencio y nadie sabe cuándo sucedió. Vivió agazapado, parasitándome poco a poco, invadiendo toda mi cavidad abdominal. Tan sólo dio la cara cuando la gravedad ya era demasiada. Su estadío, el 3.

Al conocer la noticia me quedé en estado de shock. Y aún me mantuve así una temporada, entre que me sometían a cirugía y llegaban los resultados finales. Cuando éstos llegaron hubo que tomar una decisión. En realidad fueron varias. La primera fue decidir que iba a salir adelante, que no pensaba morir. Y la segunda, la de buscar toda la información y los recursos necesarios para llevar a cabo la primera idea.

En los momentos en que el ánimo flojeaba, me imaginaba la cara de mis hijos sin mí y volvía a recuperar las fuerzas.

Es complicado, pero hay que intentar las decisiones adecuadas al principio, aunque lógicamente habrá que seguir tomándolas durante todo el proceso.

Yo decidí cerrar el camino a la rabia o al enfado pensando el por qué me había tocado a mí. Consideré que estas preguntas sin respuestas sólo me llevarían a meterme en una dinámica de desánimo, que no me ayudaría a superar la enfermedad.

Por el contrario, decidí enfrentarme a la situación sin rencor, sin luchar contra él, porque pensé que quisiera o no, el cáncer era una parte de mí, y si luchaba contra él, lucharía contra mí misma. Por otro lado, creo que cuando luchas contra algo lo legitimizas y le das poder, yo no deseaba eso. En todo momento he querido ser yo la dueña de la situación. Nada de lucha pero, por supuesto, haciendo todo lo posible para que desaparezca, pero siempre con amor, sin darle tregua ni fuerza. La fuerte soy yo, no él.

Y con esta filosofía van pasando los meses y, contra todo pronóstico, voy avanzando y él retrocediendo, mucho más rápido de lo esperado.
 
Paula Cruz

 

domingo, 27 de noviembre de 2016

iN-CoNDiCoNaLeS...


Alba tiene 45 años y habla de la muerte, la suya, con una naturalidad que duele.

He sufrido muchísimo, me he enfadado, he vivido angustiada mucho tiempo, he pensado que todo era una pesadilla o un castigo, he llorado hasta las lágrimas que no tenía,… pero ahora no me queda otra que aceptar lo que la vida me trae y prepararme. Sé que voy a morir pronto. Y sólo os pido que no me duela, que me sedéis…, así se dice, no? , cuando llegue el momento.

Tiene unos labios preciosos y juega con ellos mientras habla, sonriendo todo el rato. Por qué?, le pregunto. Bueno, nacemos y al cabo del tiempo morimos. A mí me ha tocado demasiado pronto… pero es lo que hay! Qué le voy a hacer?

Es de un pueblo del interior. Se enamoró y se fue a vivir lejos, cerca del mar. Su madre se llevó un gran disgusto, le recomendaron a un psicólogo pero no quiso ir porque sabía que su único remedio era tener a su hija cerca. Ahora es Alba la que no quiere psicólogo, porque conoce perfectamente su remedio.

Fue diagnosticada de un cáncer de mama hace tres años. Un día mientras se duchaba notó un bulto en su pecho. La operaron, le dieron quimio y radioterapia. Después inició tratamiento oral, pero dice que le sentaba mal, que se sentía muy cansada y que no quería vivir así. A los dos meses lo dejó por su cuenta. Nos lo cuenta tranquila, mientras nos mira a los ojos una vez a una, otra vez a la otra. En una revisión vieron que el “bicho” había avanzado y se había extendido a los huesos, a su hígado y a sus pulmones. Respiraba cada vez con más dificultad, la enfermedad producía líquido en la pleura, comprimiendo sus pulmones.

Durante unas vacaciones, viajó con su familia a los Pirineos y notó que podía caminar sin el cansancio y la falta de aire de los últimos meses. Fue un gran descubrimiento que les llevó a decidir trasladarse a un pequeño pueblo de la zona e iniciar una nueva etapa. De esto hace tres meses y ya ha estado cuatro veces en el hospital, para practicarle una toracocentesis y conseguir que pueda respirar mejor durante unos días más.

Imagínate, acabamos de llegar al pueblo y, cada vez que voy al hospital, a mis hijos les preguntan en el colegio si ya me muero. Tienen 6 y 8 años, creo que no saben la magnitud de lo que ocurre, creo que son felices en su inconsciencia. Estás segura de eso?, le volvemos a preguntar.

No quiero empezar otra vez con la quimio porque me deja deshecha, descompuesta y tumbada en el sofá, no podré ni ayudarles a hacer los deberes y mucho menos jugar con ellos. No quiero nada más. Vivir mientras pueda y que llegue lo que tenga que venir. Sólo quiero no pasarlo mal al final.

Es la primera vez que hacemos una reunión en el hospital con medicina interna, neumología y oncología y nos encontramos del lado opuesto al de siempre. Queremos que inicie tratamiento para alargar el tiempo entre sus visitas al hospital. Tenemos la opción de quimio paliativa que puede conseguir, o no (nunca nadie está seguro), prolongar y mejorar su calidad de vida dilatando el tiempo durante el que no se ahoga. Pero el resto de compañeros, ante la negativa de ella y su reticencia a las citas de oncología, no están por la labor, cansados de insistir han tirado la toalla. Lógico y comprensible, por otra parte.

Sonríe mientras le explicamos que esta vez el tratamiento no es tan agresivo como al principio y que, probablemente, tendrá menos de sus tan temidos efectos secundarios.

No sabéis lo que es estar de este lado, por mucho que hayáis visto pacientes en mis mismas condiciones, nunca sabréis qué es lo que sientes cuando te ocurre a ti.

Y es cierto, cierto, cierto. No podemos juzgarla ni intentar convencerla de hacer algo que a nosotras nos parece lo adecuado, desde este lado. Cada uno decide qué es su calidad de vida y su dignidad en cada momento y según las circunstancias.

La hemos visto dos veces durante la última semana y, tras largas charlas, hemos conseguido que acepte (?) una nueva cita con oncología para hablar de ello y conocer las opciones que tiene, así como aclarar sus dudas, y después…. dice que se lo pensará.

Probablemente no acudirá a esa cita, lo vemos en su mirada. Sin embargo, respetaremos y comprenderemos la decisión que tome. Estaremos con ella incondicionalmente.

 

martes, 15 de noviembre de 2016

FuMaR MaTa...


Fumar mata.

La ausencia mata, la indiferencia y el desapego matan, la soledad mata, no querer mata, que no te quieran también, pasar de largo mata, cerrar los ojos mata, no ser y estar también mata y además debería estar penado,… Sin embargo, el dolor te roba las ganas de vivir, que es diferente.

Y dónde está la muerte? Hoy la hemos encontrado al fondo a la izquierda, tumbada en la cama al lado de Estela. Pareciera que la abrazara con ternura, como liberándola. Sin miedo, dulcemente, nos miraba tras unos gruesos lentes, con ojos desenfocados daba la sensación de que durmiera en un plácido lugar en el que no era necesario cerrarlos para soñar dormido. O eso me imagino yo. Ella ya no estaba, sólo su cuerpo permanecía aquí todavía tibio.

Y por qué la muerte? Creo que debe existir para completar algo, un algo que resbala mientras paseamos por la vida, un algo sin forma definida, que nos envuelve y que camina a nuestro lado. Un algo sorprendente, un algo grande que cambia continuamente de color y de olor, dulce y amargo, húmedo y seco.

Dicen que la felicidad es el camino. Una palabra que significa sólo una actitud, un movimiento hacia adelante, un salir afuera para luego entrar con las manos llenas. Un sembrar y recoger, aunque a veces el pedrisco estropee la cosecha,… y vuelta a empezar.


Una sonrisa olvidada en un cajón, una silla vacía, un beso al aire.