Este es el blog de un equipo de Cuidados Paliativos... trabajamos "a pie de cama", en el domicilio del paciente, en su espacio más íntimo y personal.

Todos los días hay un viaje distinto, duro, sorprendente, triste, emocionante... y con un final.

¿Nos acompañas?.



viernes, 5 de agosto de 2016

TeNGo DeReCHo a iRMe?...


 
Antes de entrar en cualquier tipo de recomendación, debemos comenzar respondiendo a esta pregunta con un rotundo sí.

Es vital disfrutar de nuestro tiempo de ocio también a la hora de poder realizar unos cuidados óptimos, sin sobrecargas. Y este tiempo de ocio al que nos referíamos también comprende el periodo vacacional.

Un trabajo reconfortante, placentero, pero trabajo al fin y al cabo. Así debemos definir la tarea de los cuidados y como tal afrontarla, con sus paréntesis y sus momentos en los que necesitamos un respiro para recargar pilas y recobrar la energía.

 
¿Qué ocurre con las vacaciones de nuestros mayores?

Ojo: que nuestro descanso sea importante no debe influir en la prioridad que supone el bienestar de nuestros seres queridos: ellos también merecen unas vacaciones o cuanto menos que estén igual de bien atendidos en nuestra posible ausencia o momentos de relax.

Para ello, si no se trata de una persona dependiente con movilidad reducida, podemos incluirlo en nuestros planes de ocio perfectamente teniendo en cuenta las recomendaciones para realizar los cuidados en verano.

Si nuestro destino dificulta la integración de los cuidados, recuerda el concepto de asertividad y la importancia de que si existe un entorno inmediato familiar que pueda hacerse cargo de los cuidados en nuestra ausencia, lo asuma sin que ello suponga que estemos manteniendo una actitud de rechazo.

 
Planifica tus vacaciones

En toda empresa, cuando llega el momento de elegir días de vacaciones, se coordina la plantilla para que la ausencia de empleados no conlleve que el trabajo no salga adelante, ¿por qué no aplicar la misma fórmula a los cuidados?

Comunícate con tu entorno y acude si hace falta a la tarta del cuidado como herramienta para un reparto equitativo de la responsabilidad de atender a nuestro ser querido y sobre todo, integra lo máximo posible a la persona dependiente en los planes, propios o ajenos, para no crear en ningún momento un sentimiento de carga u obstáculo: explícale que se trata de unas vacaciones para ambos y detállale el carácter temporal del plan.


Beneficios de las vacaciones para el cuidador

Si a estas alturas aún no lo has visto claro y aun así sientes un remordimiento inevitable, te enumeramos los beneficios que un respiro vacacional nos aporta:

  • Ruptura de la rutina para ambos.
  • Poder realizar tareas pendientes que en otros momentos se ha postergado debido a la prioridad de los cuidados.
  • Evitar el síndrome burnout.
  • Aportar tranquilidad al saber que nuestros mayores tienen un apoyo ante una posible ausencia nuestra.

Lo importante en cualquier caso es que actuemos como actuemos, ambas partes, cuidadores y cuidados, se sientan siempre reconfortados. Y tú cuidador, ¿Cómo realizarás tus vacaciones este verano?



 

sábado, 30 de julio de 2016

HuYeNDo HaCia La VeNTaNa...


Nos perdemos varias veces antes de llegar a la casa. Ni el GPS la encuentra y preguntando aún nos metemos en más berenjenales. Al final, un camino de tierra nos conduce a una casa rodeada de campo y árboles en medio de huertas. Hace un calor sofocante. Sin embargo, al entrar en la antigua casa, el frescor nos recibe al tiempo que un oscuro pasillo, caminando detrás de la madre de Elena, nos lleva a la habitación del fondo a la izquierda. Huele a muerte. Nunca he sabido el por qué, pero hay lugares y situaciones donde la muerte huele.
El cuarto está en penumbra y Elena, sentada en el borde de la cama con las piernas colgando, mira hacia la ventana. Caquéctica, el pelo corto, muy corto. Su aspecto muestra el agotamiento tras años de lucha sin cuartel contra la enfermedad. Cuando al principio creyó que era una maldita broma del destino, después cuando se enfrentó con todas sus fuerzas al cáncer. Más tarde, cuando en cada revisión, el terror se apoderaba de ella… Cuando terminó aceptando que no había remedio, que el final de su vida ya tenía fecha. Cuando al final cayó rendida. Cuándo?... Ahora.  
Vuelve la mirada hacia nosotras cuando entramos. Sus grandes ojos nos miran asustados, perdidos, como si todavía no acabara de entender lo que está sucediendo, ni el por qué. No es la única. Sus ojos van de nosotras al suelo, del suelo a la ventana, de la ventana a su madre,… para volver luego, de nuevo, a nosotras… esquivos, con esa forma de mirar que conozco tan bien.
Huye de la conversación, huye de su madre, huye de nosotras,… Huye hacia la ventana, hacia el universo que ha construido para alejarse de la dolorosa realidad, tras una fuerte armadura que la separa de todo. Para ella quizás no hay otra forma de vivirlo. Yo no lo sé.

La miro con toda la dulzura y comprensión de la que soy capaz, a veces más a veces menos, y me dice “me ha salido un bulto aquí, en las costillas… y me duele”. Nos sigue huyendo. De repente se mira en el espejo del armario que tiene delante, se contempla un rato y añade, en voz muy baja, “lo que más siento es que mi hijo se va a quedar solo, y mi madre… la oigo llorar todo el día. Ojalá me ayudéis a que esto sea más llevadero”.

Yo también lo deseo, Elena.
 
 
 

viernes, 24 de junio de 2016

Finales suaves

Hoy voy a compartir un pequeño-gran tesoro. Llegó hasta mis manos el otro día y pensé que cosas como esta hay que compartirlas. Así que me puse en contacto con su autora (estas cosas hay que hacerlas bien) y a través de un mensaje y escrito con mayúsculas me dijo que "TIENES MI PERMISO".
MIL GRACIAS Montserrat Villanueva!!. (Por cierto es ENFERMERA)


Vida, sobre todo VIDA se aprende, se comparte y se cuida en paliativos. 
Por causalidades de la life comencé mi carrera profesional en una planta de hemato-oncología infantil. A las dos semanas de trabajar allí, fallecía uno de mis nanos de Onco. Entonces las enfermeras aún amortajábamos. Ya entonces sentí algo que sentiría muchas veces más... Podemos cuidar hasta "el último aliento". Y eso es un privilegio. Aprendí también sin saber muy bien por qué, lo fácil que me resultaba estar ahí. En los finales. Y sentir la vida con toda su intensidad. En seguida emergió en mi la curiosidad. La necesidad de poner el máximo esfuerzo cuando aparentemente "ya no queda nada por hacer". Y sí, aparentemente porque lo real es que podemos hacer muchísimo!! También surge la certeza de que como profesionales tenemos una prioridad más allá de curar: Evitar el sufrimiento.  
Paliar es darle cauce a la vida que se escapa sintiendo que es tal y como la persona que cuidas lo desea. Hay una belleza intrínseca que surge de una aproximación necesaria. Conoces a tu paciente, ya no a su enfermedad, a lo que lo mata. Conoces su vida, su forma de sentir, y el trabajo se convierte en conservar su dignidad, en saber cómo esa persona quiere irse. No tenemos que entenderlo, ni aprobarlo, simplemente conocer la belleza de lo que significa para él. A veces incluso casi cumplimos deseos. Es un trabajo espectacularmente hermoso, este, el de los finales. Porque la vida frágil es más humana. Y porque tenemos la oportunidad de estar en un dolor ajeno y abrazarlo.
Incluso en los servicios no especializados pero donde las condiciones implican finales como ahora con los abus, ya hacemos cuidados paliativos. Cuando un Abu entra en cuidados paliativos, cambiamos el chip. Y uno trabaja por finales suaves. Porque la vida debe irse así... En la suavidad de un abrazo largo. 
No, no somos de piedra, of course. Todo final nos deja una huella. Y si, sin duda en cuidados paliativos reímos, reímos mucho, reímos con ellos porque la risa que ya no cura también libera. Lo que guardo después de muchos finales vividos, no me pone triste. Lo que aprendes a sentir es la maravilla de una vida que ha sucedido. Y lo que más palpamos creedme, es todo vida.Ese respeto que surge por cada forma de despedirse, a lo que agarrarse... nos coloca en la posibilidad de cuidar mejor que nunca.Qué recibes?? La certeza una y otra vez de que debemos sentir y confiar lo que sentimos cada uno de nuestros días.
La necesidad de los cuidados paliativos es cada vez mayor. Necesitamos entender no sólo su importancia sino desposeerlos de sus connotaciones agónicas.  
Si algo impiden los cuidados paliativos es la agonía.  
Si algo pretenden es la suavidad. La suavidad del fin de una vida.

lunes, 20 de junio de 2016

24 horas y 365 días al año

Con motivo del reciente artículo de la columnista Rosa Montero en El País Semanal, desde la Sociedad Española de Cuidados Paliativos (SECPAL) y la Asociación Española de de Enfermería en Cuidados Paliativos (AECPAL) queremos llamar la atención sobre una realidad en la que los profesionales de cuidados paliativos están muy por encima de las condiciones en las que España permite ofrecer esta atención… Y es que, “no es tolerable, en el que dicen uno de los países con la mejor sanidad del mundo, que las personas más vulnerables de nuestro sistema sanitario y sus familias sigan sufriendo como lo hacen”.


Te invitamos a leer y difundir la carta para seguir insistiendo en la necesidad de cambiar esta realidad.



martes, 14 de junio de 2016

SóLo La MueRTe No TieNe ReMeDio...

Y la vida sigue, aunque parezca mentira, sigue adelante. Adelante. Envolviéndote en mil vientos y en alguna tempestad. En algunos momentos la suave brisa te acaricia, en otros un tornado te lleva a lugares desconocidos, y siempre tienes que recomponerte después la ropa y el vestido, ponerte de nuevo los zapatos para seguir caminando. Pierdes los viejos y te pones los nuevos que son diferentes, quizás no tan cómodos al principio... hay que darles tiempo para que se adapten. Esto no se acaba todavía.

Me contaba Alma, mi íntima, que su hermana le arropa por la noche colocándole una manta a los pies de la cama y su padre le besa la mejilla mientras ella se hace la dormida. Otras veces le llama para que vaya con ella de la mano por el pasillo hasta la puerta, pero alguien le impide salir de la cama,… Hace poco su padre se sentó al lado del ordenador donde ella trabajaba, le sonrió y le dijo, con esa sonrisa que a ella le hacía tan feliz, que no se preocupara por esos mil euros que no cuadraban, que TODO estaba bien.
Siempre de noche, cuando sus estrellas brillan allá arriba.
Creo que Alma ha aprendido y ha crecido, entiende mejor algunas situaciones y a algunas personas, tiene la piel más porosa todavía, ya no discute ni se enfada por tonterías de esas que no tienen que ver con el interior más profundo. Sonríe más y eleva a la enésima potencia los momentos preciosos, minimizando las pequeñas dificultades cotidianas.

Sólo la muerte no tiene remedio.


lunes, 30 de mayo de 2016

El difícil reto de conservar la dignidad, cuando somos enfermedades y no personas.



Este libro habla fundamentalmente de respeto, dignidad, honestidad, compasión y cariño que se ha de proveer a toda persona que se encuentra en los últimos capítulos de su vida. Es también como un espejo, ya que en la misma medida que nos habla de los otros en sus últimos momentos, nos enseña nuestro propio reflejo de cómo ha de ser nuestro final.


“Somos demasiados los que nos vemos obligados a luchar para conservar la dignidad cuando nuestra vida está llegando a su fin. El mayor ladrón de la dignidad es el sistema médico, que nos despoja de ella despersonalizando y convirtiéndonos en números de habitación y camas con enfermedades cuando somos personas con una vida, una historia y una familia… “el tumor cerebral de la 644″ o “el fallo cardíaco de la 302″. Es difícil conservar la dignidad cuando nos definen y describen como una enfermedad o un número de habitación.



El sistema nos arrebata la dignidad tratando la enfermedad y la muerte como al enemigo, ¡insistiendo en exterminarlas cueste lo que cueste! Nuestro cuerpo se convierte en un campo de batalla donde los médicos combaten para “arreglarnos”. No nos gusta admitir que la vida es a veces incómoda o incluso desagradable. Y cuando estamos rotos, queremos que ellos nos arreglen. Queremos creer que podemos arreglarlo todo. Sin embargo, no podemos arreglar a los moribundos porque ellos no están rotos. Morir no es fallar; es una parte normal de la vida.




Incluso cuando intenta conservar nuestra dignidad, el sistema médico nos la puede arrebatar. Cuando hablo de la muerte con estudiantes de medicina y enfermería, a menudo les pido que escriban cómo les gustaría morir: dónde quieren estar, quién debería acompañarlos, si van o no a pedir medidas extraordinarias, qué llevarán puesto, incluso qué música podría estar sonando. Luego, les digo: “Fijaos en lo que habéis escrito. Estos escenarios que habéis planeado para vosotros son los que pronto estaréis proyectando en vuestros pacientes. Si vosotros queréis morir oyendo música suave y oliendo a incienso, esa es vuestra decisión, pero no insistáis en que vuestros pacientes hagan lo mismo. Ellos deciden si quieren morir en paz o en el caos, con música suave o de rock. imponerles vuestras creencias es arrebatarles su dignidad”.






El sistema médico no es lo único que nos despoja de dignidad. Los familiares y amigos que intentan convencerlos para que hagan “lo correcto” también se la arrebatan inconscientemente. “Lo correcto” puede ser llevárselos a casa cuando ellos preferirían quedarse en su propio piso. Puede ser que reposen durante todo el día cuando ellos preferirían pasar el tiempo que les queda con sus amigos. Puede ser ver las noticias y estar al día cuando ellos ya han dejado de interesarse por lo que ocurre en el mundo. Puede ser que luchen contra la enfermedad cuando ellos han decidido morir en paz. No importa qué sea “lo correcto”. Si les obligamos a aceptarlo, estamos atentando contra su dignidad.




Por último, los moribundos se roban inconscientemente dignidad cuando olvidan lo que realmente importa. El proceso de la muerte es, por naturaleza, un proceso que conlleva pérdidas. Los moribundos pierden,entre otras cosas, las “capas externas” que han ido acumulando a lo largo de su vida. Ya no son el presidente de la junta, el amable vecino, el compañero de béisbol o el gran cocinero. Pierden su papel de líder, maestro, trabajador, amigo, deportista, madre, padre, hijo, hija, hermano y hermana. Verse arrojados al papel de paciente los despoja de los papeles que tanto les han enorgullecido lo largo de su vida. ¿Qué les queda? Su concepto de sí mismos. Si se consideran personas especiales y únicas, por encima y aparte de esos papeles mundanos, conservan su dignidad. Para algunas personas, esto es fácil de hacer, porque su dignidad no depende de factores extermos. Otras necesitan que sus seres queridos y el sistema médico las refuercen. Por eso es tan importante para quienes están en la antesala de la muerte que los tratemos con dignidad.”






David Kessler, Compañeros en el Adiós. Barcelona: Ed. Luciérnaga, 2008, p. 185-186.





miércoles, 4 de mayo de 2016

Hay días...


Hay días en los que suceden cosas que ni te imaginas... hay momentos que no están pagados en ninguna nómina, uno de ellos es cuando un paciente con el que has hablado muy poquito... pero intensamente, te para, te invita a un café y te dice todo esto:
Desde que tuvimos aquella primera charla, de todo lo que hablamos me quedé con una frase que me dijiste: "Tú eres mucho más que tu enfermedad". A lo largo de estas semanas, he tenido días buenos y otros menos buenos... vamos! malos y muy malos. Pero cuando las cosas no iban bien del todo, sobre todo en esos días MALOS, he intentado no perder lo "esencial", lo único que la enfermedad no podía quitarme: a mí mismo.Nadie, ni el mejor de los tratamientos, ni el mejor de los médicos, ni el mejor de los psicólogos tenía la capacidad de dármelo si lo perdía, o si lo dejaba perder.Sabía que aunque la quimioterapia y el resto de los tratamientos que me habían dado me curasen, después tenía que seguir viviendo y si por el camino perdía lo qué yo era, mi personalidad, mis sueños, mis principios... mi YO con mayúsculas, la "curación" no habría sido completa, me sentiría como si me hubieran amputado algo más que un trozo de intestino y un cuarto de hígado.  

domingo, 17 de abril de 2016

El club de lectura del final de tu vida.

Con este título sugerente, su autor Will Schwalbe nos narra las semanas en las que su protagonista, Mary Ann, una mujer de setenta y cinco años y que ha pasado toda su vida en misiones humanitarias, pasa charlando sobre libros con uno de sus hijos. A Mary Ann le acaban de diagnosticar un cáncer de páncreas y Will acaba de abandonar su trabajo de editor para crear una página web de cocina. Ambos pasan ratos de charla en casa de su madre o en las muchas esperas a las que ella acude a sus sesiones de quimio o, simplemente, para revisiones rutinarias. Y durante esas horas hablan de libros leídos y de la vida, y se cuentan aquello que durante años no se dijeron, o no quisieron abordar.
-No sabes cómo me gustaría saber qué personaje muere. He leído el final una y otra vez –insistió Will-. Detesto no saberlo.

-Yo también. Por eso siempre empiezo a leer por el final. Pero a veces sencillamente no se puede saber lo que ocurrirá, ni siquiera cuando sabemos todo lo que hay que saber. Así que uno se prepara para lo peor y espera que ocurra lo mejor. (p. 229)

En este libro se abordan multitud de temas (religión, problemática de países pobres, necesidad de una Seguridad Social que cubra a todos los ciudadanos de cualquier país, libro electrónico vs. libro de papel, etc), se comentan multitud de libros y quién lo lee encuentra frases y citas fantásticas.
“La soledad es el precio que tenemos que pagar por haber nacido en este mundo moderno, tan rebosante de libertad, de independencia y de nuestro propio egoísmo” (Cita sobre “Kokoro” (Soseki) (p. 211)
Cuando terminé, paseé la mirada por el dormitorio de mis padres, y observé a mi madre, que descansaba relativamente en paz, aunque con esa respiración áspera indicativa de que no queda mucho tiempo. Estaba rodeada de libros: toda una pared llena de estanterías, libros en la mesilla de noche, un libro a su lado. Allí estaban Stegner y Highsmith, Mann y Larsson, Banks y Barbery, Strout y Némirovsky, el Libro de la oración común y la Biblia. Había lomos de todos los colores, y había libros en rústica y con tapa dura, y libros que habían perdido la sobrecubierta o que nunca la tuvieron. 
Eran los compañeros y maestros de mi madre. Le habían mostrado el camino. Y ella los podía mirar mientras se preparaba para la vida eterna que, como bien sabía, la aguardaba. ¿Qué consuelo obtendría yo al mirar mi libro electrónico sin vida? (p. 331)



  • El club de lectura del final de tu vida.
  • Will Shwalbe (2013)
  • Editorial: RBA LIBROS
  • ISBN: 9788490065068

domingo, 10 de abril de 2016

MáS DoLoR...


 
Estoy preparando una charla más sobre el DOLOR en pacientes paliativos, y quiero compartir con vosotros la complejidad de algunas situaciones que nos encontramos casi a diario.
 
Valoración del Dolor en Pacientes con Dificultades en la Comunicación
Los pacientes con alteraciones cognitivas reciben menos analgésicos que los que sí pueden comunicar su dolor y, además, son más sensibles a la neurotoxicidad de los opioides. En estos pacientes con dificultades para la comunicación la valoración del dolor es más compleja y, habitualmente, el dolor es infradiagnosticado e infratratado. Los comportamientos comunes asociados con dolor pueden estar ausentes o resultar difíciles de interpretar. Sin embargo, incluso en situaciones de deterioro cognitivo moderado-severo, hasta un 86% de los pacientes son capaces de localizar el dolor en dibujos corporales o en su propio cuerpo.

La entrevista a cuidadores y familiares es imprescindible, ya que aporta una información valiosa y nos permite, además, la observación de determinadas conductas no verbales y comportamientos que pueden estar asociados a la presencia de dolor y al estado emocional del paciente y su interrelación con el entorno, cuando el paciente no se siente observado.
 
La Sociedad Americana de Geriatría ha publicado algunos indicadores de presencia de dolor en pacientes con demencia, que han servido para diseñar instrumentos de evaluación:
Expresiones faciales: muecas y gestos que pueden indicar tristeza, miedo, angustia,… Desde el ceño fruncido, ojos o boca cerrados fuertemente, parpadeo rápido,…

Expresiones verbales: gemidos, suspiros, gritos, llanto, peticiones de ayuda,…
Movimientos del cuerpo: de defensa, incoordinados, inquietud, rigidez y tensión, puños cerrados,…

Cambios en la interacciones personales: disminución de las relaciones sociales, introversión, conductas de evitación, retraimiento, agresividad,…
Cambio en las actividades y rutinas diarias: rechazo de los alimentos, disminución del apetito, cambios en el patrón del sueño, actividad física diaria,…

Cambios en el estado mental: tendencia al llanto, confusión, irritabilidad,…

Aunque algunas de estas expresiones, como gestos y quejidos, son muy típicas otras son menos comunes o no siempre indican dolor en pacientes con deterioro cognitivo. Tampoco la ausencia de estos indicadores implica necesariamente la ausencia de dolor. Para poder evaluarlas es imprescindible conocer el comportamiento habitual del paciente, prestando atención al aseo, las curas, transferencias,…
Se han desarrollado instrumentos para evaluar la presencia de dolor, aunque no permiten valorar demasiado bien su intensidad.
 
El Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos: City of Hope,  recoge información sobre algunos de estas escalas. Os detallamos dos: DOLOPLUS  y EDAD .


En una enfermedad avanzada, dolor y sufrimiento van asociados. Es lo que C. Saunders definió en 1964 como “Dolor Total”. No toda persona con una alteración somática sufre, ni todo aquel que sufre lo hace por dolor. Detrás de cada experiencia dolorosa hay una persona que sufre, y que lo va a vivir de forma única y particular. El sufrimiento emocional se convierte en el componente del dolor que con más frecuencia y mayor severidad, influye en un control inadecuado del dolor, integrándose en la manera de vivenciarlo y de referirlo a los demás. Un buen control del dolor precisa una intervención integral que incluya medidas farmacológicas, no farmacológicas y psicológicas.
 
Un dolor mal diagnosticado, será un dolor mal tratado. Un dolor controlado es aquel con el que es posible convivir porque no modifica de manera sensible la calidad de vida, y en el que los efectos secundarios del tratamiento resultan tolerables.

Entre un 10% y 20% de los enfermos con dolor oncológico, no alcanzan un control adecuado del mismo, a pesar de seguir las recomendaciones de la escalera analgésica de la OMS.

 
 

jueves, 17 de marzo de 2016

Una palabra que empieza por C...



No es que el libro de Philip Roth hable sobre el tema de este blog, pero este fragmento describe magistralmente esa dificultad en nombrar determinadas palabras, ese diagnóstico que va más allá de los libros de medicina, ese diagnóstico que como ya decía Albert Jovell, "cuesta pronunciar su nombre, se suelen emplear otras palabras y es como si fueran muchas enfermedades en lugar de una que, por cierto, se llama cáncer."



Sí, tengo que ceder, no me queda más remedio, sobre todo porque me consta lo que mi padre ha tenido que pasar, cómo ha sufrido, uno por uno, las decenas de miles de minutos que tardaron los médicos en llegar a la conclusión, primero, de que había algo creciendo en el útero de mi madre, y, segundo, de que ese tumor que por fin habían localizado era maligno...es decir: que lo que tenía mi madre era...¡Sí, esa palabra que no podemos pronunciar el uno en presencia del otro! ¡La palabra que si siquiera podemos escribir en toda su integridad! La palabra a la que aludimos mediante una abreviatura eufemística que ella misma nos facilitó antes de que la hospitalizaran para las pruebas:  C-A.  La n, la c, la e, la r, no necesitamos oírlas para que el susto nos dure hasta las trompetas de juicio final. ¡Qué valiente hay que ser, afirman todos nuestros familiares, sólo para articular esas dos letras! Y ¿ no hay suficientes palabras completas que susurrarse uno a otro a puerta cerrada?  ¡Las hay! ¡Claro que las hay! Palabritas feas y heladoras , que apestan a éter y alcohol, como los pasillos de hospital, palabras con todo el atractivo de  un instrumento quirúrgico recién esterilizado, palabras como "frotis" y "biopsia"..." Y luego están las palabras que yo, a escondidas, a solas en casa, buscaba en el diccionario, sólo para verlas impresas, como irrefutable evidencia de la más remota de todas las realidades, palabras como "vulva" y "vagina" y "cérvix", palabras cuyas definiciones nunca más volverán a inspirarme placeres ilícitos... Y luego está esa palabra que durante largo tiempo esperamos oír, la palabra cuyo sonido devolverá a nuestra familia lo que ahora se nos antoja la más maravillosa y satisfactoria de las existencias: ¡benigno!.


Del libro "El mal de Portnoy" de Philip Roth 

sábado, 12 de marzo de 2016

Hablando de "Carreteras Secundarias"


Que RNE se ponga  en contacto contigo, que se interese por el blog "Carreteras Secundarias", que quieran saber qué es eso de los Cuidados Paliativos y nos propongan una entrevista para que lo contemos... es de esas cosas que te dicen y no te lo crees... pero sucede!!!!.

Desde aquí puedes escuchar la entrevista. Comenzamos en el minuto 31:38

Podcast: Viaje al Centro de la Noche-RNE. Entrevista "Carreteras Secundarias"