Este es el blog de un equipo de Cuidados Paliativos... trabajamos "a pie de cama", en el domicilio del paciente, en su espacio más íntimo y personal.

Todos los días hay un viaje distinto, duro, sorprendente, triste, emocionante... y con un final.

¿Nos acompañas?.



domingo, 22 de marzo de 2020

ReSPiRaNDo...



A nosotros, tropa del primer mundo que nos consideramos irreductibles, gente prepotente que cree que la naturaleza le debe pleitesía. A nosotros, seres insolidarios por educación,  que somos más pobres que los pobres... el universo nos  enseña, de nuevo, que tiene sus reglas, que somos tan vulnerables como cualquiera y que en un instante es capaz de ponernos la vida del revés… Para aprender, para que nos demos cuenta, uuuna vez más, de lo que realmente importa. Para aprender a vivir, aunque nos esté costando la vida.

La tierra respira, y nosotros con ella. En tan poco tiempo el planeta, fuerte y poderoso, se va recuperando. El aire, el agua, el verde, los pájaros,… es decir, todo lo que no somos nosotros, se limpia de nuestra contaminación y de nuestro abuso.

Incluso crece una ola solidaria desde los balcones, que ojalá nos dure hasta el infinito y más allá.


“… Y la gente se quedó en casa. Y leyó libros, y escuchó, y descansó e hizo ejercicio. Creó arte, y jugó y aprendió nuevas formas de ser, y se estuvo quieta.

Y escuchó más profundamente. 

Algunos meditaban, algunos rezaban, algunos bailaban.

Algunos se encontraron con sus sombras. Y empezaron a pensar de manera diferente. Y las personas comenzaron a sanar.

Y, en ausencia de personas que vivían en la ignorancia, peligrosas, sin sentido y sin corazón, la tierra comenzó a sanar.

Y cuando pasó el peligro, la gente se unió de nuevo, lloraron sus pérdidas, tomaron nuevas decisiones, soñaron con nuevas imágenes y crearon nuevas formas de vivir y sanar la tierra por completo, ya que habían sido curadas".

Kitty O´Meara.



jueves, 19 de marzo de 2020

PRESENCIA




Ayer una gran médico de atención primaria y buena amiga me compartía algunos de los sentimientos que toda esta situación le provocaba…
“Y qué podemos hacer ahora con nuestros pacientes en situación de cuidados paliativos?
Ahora que no debemos visitarles, charlar, reír, llorar, darles la mano, un abrazo.......?
Sólo por teléfono.....
Y ellos y su familia lo aceptan y lo comprenden....
Soy yo la que lo llevo peor.
Yo soy de tocar, mirar, escuchar, sentir.....
Y estos días (Y los que nos quedan) sólo vivo el aislamiento, la mascarilla, los guantes, el desinfectante.....47 consultas telefónicas diarias...”

… me quedé en silencio y no encontré las palabras.
Pasadas 24 horas y tras el descanso y tras mirarme un poco por dentro y reconocer mis propios sentimientos me atrevo a poner palabra:
Somos profesionales comprometidos e implicados y hacemos de la empatía una actitud básica en nuestra práctica médica y de la compasión un modo de ser profesionales. Desde aquí creo que una parte de lo que podemos estar experimentando posiblemente tiene que ver con gestionar la impotencia, la limitación y la propia vulnerabilidad.
El "sólo por teléfono" es algo ENORME en un tiempo de crisis como el que estamos viviendo
Es la garantía de PRESENCIA, es la garantía de que NO SOY OLVIDADO/A
Es la experiencia de que SIGO SIENDO IMPORTANTE PARA ALGUIEN (Mi médica)
Somos de contacto, de abrazo, de beso, y hoy nos toca aprender a manejar otros recursos: el tono de la voz, los silencios, el tiempo...
Las personas enfermas y sus familias SABEN QUE SOMOS TAN HUMANOS COMO ELLOS y que compartimos la misma vulnerabilidad por eso se sienten agradecidos de que ahora "simplemente" les llamemos.
Ahora la pregunta es si NOSOTROS SABEMOS QUE SOMOS HUMANOS TAMBIEN y por tanto FRAGILES Y VULNERABLES.
Y si sabiéndolo, lo aceptamos y nos sentimos parte de esta HUMANIDAD COMPARTIDA
Son tiempos de crisis y como en todas, son tiempos de oportunidad:
oportunidad para crecer en lo profundo, es decir en lo más humano que somos y
oportunidad para re-descubrir aquello del "sanador herido" que con facilidad lo decimos pero que no sé si nos lo llegamos a creer o a vivir cuando nuestras heridas "ocultas" se desvelan.
Sólo hay algo más fuerte que el miedo… la ESPERANZA.
No perdamos la esperanza.
Mientras hay esperanza hay vida.
¡Vivamos!
Gracias por ser como sois y quienes sois. Me siento privilegiado de compartir equipo con vosotras/os.

Julio Gómez

sábado, 14 de marzo de 2020

oJaLá...



Cómo podríamos llegar a ti, Mateo? Cómo podríamos ayudarte a encontrar la paz que ahora tanto necesitas? Los silencios se hacen duros, como acantilados recibiendo la embestida de un mar embravecido y denso. La espuma se deshace antes de tocar siquiera la pared de roca que nos retira cada vez que intentamos acercarnos al sentimiento, a la emoción.

Con los ojos cerrados no quieres mirar ni hacia adentro ni hacia afuera. La enfermedad te ha descolocado. Durante los dos últimos años la duda acogió a todo el que te trató, las pruebas no eran concluyentes y anduviste por la incertidumbre confiando en que al final del pasillo la puerta se abriera a la esperanza. Y se abrió. Comenzaste un nuevo proyecto, te sentías vivo de nuevo. Toda tu vida fue una historia que parecía interminable, plasmaste en instantes todo un mundo en blanco y negro y en color. El universo por el que transitaste te empapó de emociones intensas y disparejas. Viajero infatigable, hiciste de la tierra de nadie la tuya propia.

Sin embargo, lo que antes era duda desde hace pocos meses es certeza. Hoy dices que estás bloqueado, que no sabes cómo manejar lo que vives. Que todo pensamiento que te asalta es negativo, que nada aporta, que todo resta. Que no encuentras nada… nada. Que lloras sin consuelo, que no entiendes… Que te sientes culpable… Que lo sientes por tu compañera de viaje, que no se aparta de ti ni un segundo. Que no quieres ver a nadie.

Tu mujer nos dice que eres tímido y poco sociable, que las emociones las expresas de manera magistral con imágenes, pero que quizás no has sido tan hábil a la hora de gestionarlas en tu vida diaria.  

Y es tanto el sufrimiento que transmites, que el mundo se nos queda pequeño y la habitación nos ahoga. La tristeza nos envuelve como un manto espeso… y volvemos al principio… no sabemos cómo llegar a ti. Se nos acaba el discurso, se nos acaban los silencios, se nos acaba el espacio y el coraje…

Hemos controlado tus síntomas físicos… los vómitos continuos, el dolor insistente, el insomnio que se hacía fuerte en tu almohada y no te daba tregua. Pero nos queda pendiente algo fundamental, tu sufrimiento particular, para lo cual parece que se nos agotan los recursos pero nos sobran las ganas de encontrar el resquicio. Ojalá demos con él pronto, porque el tiempo apremia.




sábado, 7 de marzo de 2020

aGRaDeCieNDo... SieMPRe



Allá por Noviembre de 2008, cuando roté siendo residente en el servicio de Cuidados Paliativos domiciliarios de Burgos, esta especialidad tocó mi corazón. Pero entonces estaba orientado a la urgencia hospitalaria, a la acción…

En realidad lo que me llenó profundamente fue, por un lado, la médico y la enfermera, su presencia y su saber hacer y por otro, ése momento de la vida del paciente y de sus familiares y cuidadores.

Casi todas las personas a las que digo que me gusta esto de Paliativos contestan “pero es muy duro, no?”; y casi siempre contesto “Comparado con qué…?

Si eres médico, salvo excepciones, estás en contacto con el dolor, sufrimiento, enfermedad, trauma o pérdida de otra persona de una u otra forma; si lo consideraras duro, no estarías en la profesión.

En el caso que nos ocupa, no sólo no me parece duro, es que considero y siento que es muy, pero que muy bonito, atender el final de la vida hasta el final; encuentro además equilibrio entre el aspecto médico al aliviar síntomas sin ninguna intención curativa (los médicos curamos algo alguna vez…?) y el acompañamiento emocional, psicológico y espiritual tanto de paciente como de acompañantes.

Aprender de cada situación, de cada gesto, mirada, reflexión…; indagar en las creencias, inquietudes y miedos…, de uno mismo gracias a ellos; abordar la necesidad de información o la negación; ver invariablemente sonrisas; acoger invariablemente lágrimas…

Sentir una y otra vez que somos todos uno, que la bella danza del dar y recibir es eterna… ¡que te ofrezcan gratitud cuando eres tú el beneficiado!

En fin, que no, que no es duro en absoluto. Otro asunto es aprender a gestionar el tema de nuestra propia enfermedad y muerte, de nuestro pánico, sin mirar para otro lado…, que ya sabemos que la negación no sirve de nada y la aceptación te lleva a la paz.

Paz como la que disfruté en una paciente hace unos días, cuando en sus últimas horas en este plano no dejaba de sonreír y transmitir amor y serenidad en su cariñoso brillo de ojos.

Gracias de todo corazón.


Javier Moraleda
Médico del ESAD




domingo, 23 de febrero de 2020

eL MoToR Que MueVe eL MuNDo...


Cuando entré en el ascensor, mi prisa por bajar a urgencias no me dejó ver la escena con la amplitud de miras que merecía.

La celadora acomodó la camilla sobre la que iba una anciana que bajaba a quirófano para ser intervenida, así me hizo un hueco en el reducido espacio.

Éramos cuatro personas en apenas 8 metros cuadrados. El marido apoyado en su bastón reposaba su mano sobre la de su mujer y en sus ojos se veía la humedad que antecede a las lágrimas, algo distintas en la gente mayor que en el resto de los mortales. No me preguntéis en qué, sólo sé que son distintas. El tiempo debe transformarlas de alguna forma.

La paciente hiperventilaba pero no por un problema respiratorio. El miedo y la incertidumbre se expresan así, con aire veloz y miradas que migran hacia todos lados pero sobre todo a su mano y a la de su marido que, unidas, se sostienen en este viaje hacia lo incierto.

La celadora sonríe y con su sonrisa denota la experiencia de muchos años empujando itinerarios hacia el borde del precipicio. También me mira a mí y vuelve a sonreír. Ella también es consciente de la maravilla que se despliega ante nosotros, dos espectadores sorprendidos ante lo sublime del ser humano, ante el Amor cocinado a fuego lento, ante el tiempo compartido que aquilata los lazos, cuando éstos son o se hacen verdaderos.

La celadora toma la otra mano de la paciente y son ahora los ancianos los que sonríen cuando les dice: "Todo va a salir bien".

La paciente aprieta la mano de mi compañera y emocionada mira de nuevo a su marido.

Yo sólo miro y me pregunto cuál es el motor que mueve el mundo. Me pregunto si mi compañera es consciente de la inmensidad de su gesto, si es consciente de que sostiene con una sola mano los dos universos que se despliegan ante ella y de camino, el mío propio.

Cuántos gestos así no pasarán de largo en mi día a día?

En ese momento siento que vivir es también estar atento a las señales que hablan de una profunda bondad, de una compasión y una capacidad de amar innatas en todos los hombres y mujeres de este mundo. Vivir es que lo importante, lo verdaderamente importante no pase de largo, oculto bajo el disfraz de la rutina y de lo cotidiano, que no por serlo, deja de ser sencilla y humildemente maravilloso e inmenso.

Me siento un alumno en una clase de 8 metros cuadrados y mis maestros no son conscientes del espacio que abren dentro de mí.

Salgo del ascensor por una de las puertas, ellos salen por la otra, pero antes, todos hemos cruzado una rápida mirada unos con otros. Todo está dicho. En medio minuto de viaje, el sentido de la vida, de la propia misión vital y del lugar más sólido del ser humano ha pasado ante nuestros ojos.

Empuja la camilla hacia las puertas que se abren y con ella, la celadora, no sé si sin saberlo, empuja y sostiene el mundo.


14 de enero de 2020.



martes, 11 de febrero de 2020

MaR y ...


Este es el homenaje a dos personas bellas. Recupero este texto sobre una historia de amor del bueno. Del incondicional.

Una amistad que la vida ha ido trenzando con paciencia, bondad y amor. Desde el principio hasta el final.

Mi afecto y admiración para dos grandes…. Muy GRaNDeS.


Mar  y  Anacris,  ESAD  Huesca.

Todos los días hacemos cosas que por lo intrascendente de las consecuencias que de ellas se derivan, ni siquiera recordamos al día siguiente. Yo recuerdo aquel día de finales de septiembre, iba hacia el hospital a firmar un contrato de un día en un centro de salud, y recordé que una compañera había dicho que en el equipo de paliativos domiciliarios no había enfermera. Y decidí preguntar (cosa bastante rara en mí, que tengo tendencia a procrastinar y dejar para mañana lo que puedo hacer hoy), y como cosa del destino o quizá de la casualidad, acabé conociendo a Mar Bescos Oros y en ese momento empezó a cambiar el rumbo de mi vida.

El 14 de octubre, de hace ya 7 años, Mar y yo empezamos a trabajar juntas en el equipo de soporte y atención domiciliaria de Huesca, el equipo de Cuidados Paliativos, que es como lo conoce la mayoría de la gente.

Yo tenía poca idea de cuidados paliativos, había acabado enfermería ese mismo año y nadie me había hablado de ello. Encontrarme con Mar, ya experta en el tema, fue una revelación y encontré la vocación que no había encontrado durante la carrera.

Mar es una persona apasionada, arrolladora en muchos momentos, entusiasmada con lo que hace, ávida de conocimientos, segura de sí misma y generosa con todo lo que sabe, respetuosa, compasiva e inteligente. Ese primer día que trabajamos juntas me empezó a hablar de los cuidados paliativos, a recomendar un montón de lecturas, a contar en qué consistía nuestro trabajo y en la gran labor que podíamos hacer, y acabé inscrita en el primer curso que he hecho desde ese momento, uno de entrevista clínica, porque “gran parte de nuestro trabajo va a ser la comunicación con nuestros pacientes y sus familias”.

Nuestra primera paciente juntas fue una chica de cuarenta y pocos, un cáncer de mama metastatizado en varios órganos. Su pareja la había dejado cuando la cosa se puso fea. Ella sabía que las cosas no iban muy bien pero tampoco lo quería dar todo por perdido. Yo estaba ahí sentada, no podía hacer nada, petrificada por la pena y el dolor, y viendo como Mar le preguntaba de manera magistral y amorosa y cómo ella iba contando su historia poco a poco. Contó todo lo que ella quiso, hubo temas en los que no quiso entrar y Mar lo recogió todo para que el peso que ella llevaba fuera compartido. Fue increíble, y sin saber cómo (ahora lo sé, después de 7 años con ella) Mar hizo que las tres acabáramos riéndonos juntas, y cuando le iba a cambiar el tratamiento nos preguntó a ella y a mí si nos parecía bien.

A partir de ese momento yo me convertí en su enfermera y poco después en su escudera. Soy la enfermera de Mar y Mar es mi médico y hemos construido las dos junta durante este tiempo un EQUIPO, con mayúsculas, de Cuidados Paliativos. Y con el paso del tiempo me he ido formando como enfermera de paliativos con la mejor de las maestras que he podido tener, mi compañera, que siempre ha creído en mí más que yo misma. Encajamos desde el principio y ahora somos un equipo casi perfecto, trabajando en perfecta armonía, ocupando cada una nuestro lugar, entendiéndonos con una mirada y sabiendo qué hacer en cada momento.

Un elemento indispensable en cuidados paliativos es el trabajo interdisciplinar, profesionales trabajando al unísono con un objetivo común, el paciente y su familia. Y así hemos trabajado nosotras dos, a veces echando de menos al psicólogo o al trabajador social o a un asesor espiritual, pero siempre hemos intentado hacer lo mejor posible las cosas e intentar recurrir a otros cuando no nos hemos visto capaces, lo cual, también tengo que decir, han sido pocas veces. Y durante todo el tiempo nos hemos cuidado la una a la otra porque, desgraciadamente, nadie lo ha hecho por nosotras ya que el sistema en el que estamos no contempla el cuidado de los profesionales de cuidados paliativos, y eso es un gran error.

Juntas hemos ayudado a muchos pacientes a vivir lo mejor posible hasta la muerte, a tomar decisiones, a veces dolorosas, los hemos acompañado a ellos y a sus familias en un camino incierto y difícil y creo que muchas veces hemos sido la luz en su oscuridad. Y hemos procurado que, llegado el momento, la agonía y la muerte fueran lo más tranquilas posibles. A otros no los hemos podido ayudar porque nosotras no hemos sabido o llegado, o porque ellos no han querido.

Hemos tenido pacientes jóvenes y viejos, serenos e histriónicos, pacientes que han aceptado la enfermedad fenomenal y otros que se han opuesto a ella hasta el final. Pacientes en ira, en negación, en aceptación. Mujeres de embajadores, artistas, amas de casa, agricultores, camioneros, profesores, gente que ha trabajado mucho toda su vida y ahora podían disfrutarla y gente que lo tenía todo hecho. Chinos, saharauis, rumanos, marroquís, españoles. Se han casado tres paciente en articulo mortis con nuestros infusores puestos, y con casi todos hemos repasado sus vidas, sus acontecimientos más felices y sus peores momentos. Hemos ido a comer un cocido con un paciente y su mujer una semana antes de morir, hemos tomado cientos de cafés terapéuticos y los 3 tés saharauis, el primero amargo como la vida, el segundo dulce como el amor y el tercero suave como la muerte.

Hemos acompañado a más de mil pacientes y familias, miles de kilómetros en coche, cientos de conversaciones, montones de proyectos y muchos momentos duros, pero, sobre todo, muchísimas risas, con nuestros pacientes, con sus familias y entre nosotras. Hemos hecho un equipo, hemos sido felices y creo que hemos hecho felices a otros, aún en sus peores momentos.

Y como nunca sabemos lo que va a pasar y no sabemos cuánto podremos decir a la gente que queremos que la queremos, escribo esto para decirle a mi compañera que la quiero, y para hacer un homenaje a los Cuidados Paliativos porque los Cuidados Paliativos también somos nosotras y nosotros, esos equipos que encajan, que se han formado y que saben qué hacer en los peores momentos. Sin nosotros la vida y la muerte serían peor.


Anacris Zamora Moliner
11 de Octubre de 2015



viernes, 31 de enero de 2020

Me PieRDo...



Y dicen que me perdí… me perdí en tus ojos, me perdí en tu pelo, me perdí en tu sonrisa. Y perdida sigo. Es tan grande y tan hermoso lo que me ofrece cada día que a veces dudo que pueda caber en el hueco de mis manos. No quiero perderme nada.

Los ambientes, el olor, lo que se dice y lo que se calla… todo cuenta, todo habla de vida. De vida hasta la muerte.

Me perdí y me sigo perdiendo en ti que con miedo me miras desde la cama, en la madre que llora temblorosa junto a mí, en la hija que escucha con atención el mínimo detalle, en la esposa que acompaña y se sumerge en el dolor, en el marido que con mano temblorosa se seca una lágrima al pensar que un día le faltarás y qué será su vida sin la pieza que da sentido a su ser. Me pierdo en la pareja que se va porque la verdad duele. Me pierdo en la soledad del que ya a nadie ni nada espera.

No me pierdo en quiere o debe saberlo, sino en: quiere escucharlo? Porque saberlo lo sabe de sobras, en la inmensa mayoría de los casos. El pacto de silencio son arenas movedizas que nos obligan a andar a trompicones, sin saber que aquí al lado está la senda segura por la que camina el paciente alejado de todo y de todos. Solo.

Me pierdo en el silencio, en el que cada vez estoy más a gusto.

Y me pierdo en todos y cada uno de ellos, que juntos son los fragmentos que conforman gran parte de mi vida. Benditos fragmentos que me han enseñado lo que de verdad tiene sentido, no tanto sobre cómo morir sino sobre cómo vivir.



domingo, 19 de enero de 2020

SieMPRe Se PueDe HaCeR aLGo...



No hay nada peor que no poder hacer nada. Mejor dicho, no hay nada peor que creer que ya no se puede hacer nada.

Mario tiene 92 años y, desde hace dos meses, sabe que tiene un tumor que progresa. El día antes de hace dos meses, estaba tranquilamente en el casino de su pueblo leyendo el periódico. “No sé qué me pasó… pero al día siguiente todo había cambiado. Quise saber la verdad y, la verdad, es que ya no puedo más. Desde ese día mi vida cayó ladera abajo. Poco a poco me abandonaron las fuerzas, dejé de andar, sólo podía pensar en negativo, dejaron de importarme las cosas… me enfado por todo, porque no todo me da igual. Mi hija está siempre disgustada, con el morro torcido. Sólo quiere que coma… y yo no puedo! Es que no lo entiende nadie? Nadie entiende lo que me pasa?”.

Mario, que padece una hipoacusia severa y no quiere ponerse audífonos, habla desde su cama de hierro no ha consentido en que le compraran una cama articulada. Él quiere estar en la suya. La cama está orientada hacia un ventanuco de madera por el que entra el sol de la mañana y que tiene entornada. Su hija, discapacitada intelectual tras una meningitis en la infancia, nos dice el grado de “entornamiento” que debe ser y no otro.

La casa es pequeña, fría, sin calefacción y las habitaciones mínimas. Su dormitorio está atestado de cosas, un armario, una silla de ruedas, una estufa, una mesilla llena de fotografías y vírgenes, un taburete con los pañales y el tarro azul de Nivea, un estante con ropa y la cama de hierro. No sé si me dejo algo. Hablamos en voz muy alta, nosotras para que él nos oiga y su hija porque ya está acostumbrada.

El otro hijo vive en un pueblo cercano y acude con frecuencia a echar una mano. La situación es dura y complicada. Tenemos que empezar a pensar en qué ayudas podemos ofrecerles, y más a medida que la enfermedad progrese y el manejo del paciente sea más difícil.

Nos cuentan que el fin de semana una bruja estuvo en su casa… “una bruja que gritaba y decía cosas muy desagradables”. Parece ser que su hija se vio apurada porque su padre no respiraba bien “hacía pausas cada vez más largas…” y llamó a urgencias. Nos dice que la médico que acudió le dijo que si no se daba cuenta de que su padre se estaba muriendo y que ella no podía hacer nada… que no había nada que hacer, vamos. Que se nacía y se moría sufriendo.

No sé, nunca debes creer a una sola parte sin escuchar a la otra y más en situaciones tan dolorosas y duras como las que vivimos cada día, en las que las ideas, las palabras y las intenciones a menudo se tergiversan. Pero quedó escrito, al final… “Les he explicado lo que hay… y se han enfadado. No lo entiendo.”

No lo entiende?... De verdad?




domingo, 29 de diciembre de 2019

eN eSToS DíaS...


Estos días son un tanto especiales para la mayoría de nosotros. En parte porque las tradiciones se mantienen y parece que es necesario que te recuerden que compartir es imprescindible, también parece que tienen que recordarte que querer y que te quieran te alegra el corazón y que el alma se pone en pie ante la gente buena. Y además, nos recuerdan sin descanso, que todo esto debe estar acompañado de regalos, de felicidad, de buenos propósitos, de buenas comidas y de qué sé yo… Y mientras, el mundo sigue girando con su incomprensible proceder, bien alejado de todo lo importante. Qué paradoja… una más.

Junto a toda esta vorágine conviven, como el resto del año pero por alguna razón con más intensidad, los recuerdos de otros tiempos pasados, los momentos compartidos con personas que ya no están o ya no son lo mismo, los besos al aire y las sillas vacías. Convive la soledad y el buen hacer de mucha gente que no hace ruido pero hace lo que puede para sobrevivir a estos días un tanto especiales.

Marta decía que aunque no soportaba esta algarabía, era el único momento del año en que todo parecía correcto y que cada cosa ocupaba su lugar.

Cristina, que vivía lejos, buscaba el calor de la familia.

Pili decía que quería celebrar estas reuniones más que nada por sus padres… “Vaya usted a saber si es el último año que podemos hacerlo”, y así pasaron muchos.

Lucía no quiere morirse en estas fechas tan señaladas… “Menudo recuerdo les quedaría a mi familia para el resto de sus Navidades”.

Elena quiere llegar al menos a su cumpleaños, que es el 12 de enero. “Si… yo creo que llegaré,… qué os parece?”.

Antonio no quiere pasarlas en la residencia. “Si al menos uno de mis hijos me llevara a su casa estos días... Desde que no está mi mujer ya nada es igual”.

Benita hará un puchero del que disfrutarán su hija, “Quizá el último…”, y su nieto.

Jesús sólo pide no sufrir en estas fechas para no amargarle la fiesta a su familia y, sobre todo, que no tengan que ingresarlo. “Las Navidades en el hospital son muy tristes…”.

Bruno sólo pide no tener dolor para poder disfrutar de la compañía de su nieta.



Y yo… sólo quiero que me dejen como estoy. Y en caso de pedir, pido salud, que es lo fundamental para continuar. Fuerza, ganas, mente clara. Paz y amor. Quizá un unicornio azul. De lo demás creo que podré encargarme yo. Tampoco quiero sobrecargar…



Sigo pensando que la Felicidad es una Actitud y la Vida un Regalo.




martes, 24 de diciembre de 2019

eS NaViDaD Y Tú No eSTáS ...


En Eco de Teruel han hablado con Montse García, psicóloga de la AECC de Teruel, sobre las situaciones que se dan estos días un tanto especiales, en los que hay que gestionar un duelo por un ser querido fallecido recientemente.

No es fácil hacerlo en medio del bombardeo de mensajes de felicidad, regalos, alegría y  buenos deseos que se producen en estas fiestas de Navidad,... pero hay maneras de conjugar Duelo y Navidad.