Este es el blog de un equipo de Cuidados Paliativos... trabajamos "a pie de cama", en el domicilio del paciente, en su espacio más íntimo y personal.

Todos los días hay un viaje distinto, duro, sorprendente, triste, emocionante... y con un final.

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martes, 20 de marzo de 2012

HoY...

Hoy, ella lloraba...

Él dormía tranquilo en su sillón favorito, justo antes de comer. Es una costumbre ya establecida desde hace tiempo; cuando ella preparaba la comida e iba y venía de la cocina, él dormitaba con los pies apoyados en el sofá.

Hoy, ella lloraba... porque él no le hablaba. Lloraba mientras caminaba por la casa, lágrimas sentidas, lágrimas que bailaban por sus pequeños ojos, antes vivarachos (alguna vez ahora), lágrimas que brotaban desde algún lugar recóndito en medio de la maraña que forman los ovillos de su memoria, devanando lentamente recuerdos y olvido.

Entre lo vivido y lo olvidado, ella permanece sin rendirse, repitiendo, de vez en cuando y en voz baja, los nombres de sus tres hijas y, después de comprobar que aún los recuerda, nombra los objetos que tiene delante; luego me mira y repite mi nombre, le doy la mano y me hace sentir que soy única para ella, que nuestros mundos aún se acercan y pasean juntos. Todavía con sentimientos reales, que yo puedo interpretar, siento su soledad y, a veces, su miedo. Siento su mundo despoblado, la niebla tras la que se difuminan los paisajes que han ido formando su vida, puedo escuchar el silencio que la envuelve, como se derrama gota a gota la esencia que le daba la clave para ir tejiendo el día a día.

Hoy, ella lloraba porque él no le hablaba, él.... su guía, su faro en medio de un mar hostil, de un universo cada vez más caótico y desnudo.

Y él estaba dormido,... como siempre antes de comer.



2 comentarios:

Alondra dijo...

Leerte es sentir las emociones de otros, tus palabras son como la luz de un faro que nos recuerda que la vida sigue detrás de cada ventana con una historia, y entonces... nos damos cuenta que no somos el ombligo del mundo.
Un abrazo afectuoso

Violeta dijo...

A la vuelta de cualquier esquina, al abrir la puerta, tras la sombra de cada ventana,... efectivamente la vida se mueve, la vida baila al son que suena. Estar ahí y poderlo compartir es un privilegio.
Otro abrazote