Este es el blog de un equipo de Cuidados Paliativos... trabajamos "a pie de cama", en el domicilio del paciente, en su espacio más íntimo y personal.

Todos los días hay un viaje distinto, duro, sorprendente, triste, emocionante... y con un final.

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lunes, 6 de octubre de 2014

La DeSeSPeRaNZa...


 
En el magnífico blog La consulta del doctor Casado encontré ayer una entrada que habla de la dificultad de afrontar la muerte, tras la visita de una paciente con una enfermedad oncológica.
La visión de un médico que atiende una consulta de Atención Primaria en la cual, a menudo, atiende a pacientes en situación de enfermedad terminal y que se plantea la necesidad de dar espacio, tiempo y coraje para vivir estas situaciones. Me parece interesante compartir sus reflexiones.

Relato: La desesperanza

Desde que la conocía sabía que su principal problema de salud se llamaba desesperanza. Era joven pero su cara traslucía una profunda desazón, un velo de continua infelicidad. Acudía cada cierto tiempo a consulta por problemas físicos, dolores de espalda, insomnio, cefaleas, cansancio crónico... Pura desesperanza, un mal ante el que la medicina moderna es del todo ineficaz. Años después fue diagnosticada de un problema digestivo que requirió una operación. No llevaba bien lo de la bolsa de colostomía, de hecho la confinaba en casa. Sentía pánico tener que evacuar heces estando en la calle y que el adhesivo se despegase.

Escucharla con la máxima atención, comprender nítidamente lo que la estaba pasando no era suficiente. Ella necesitaba cambiar algo para lo que los antidepresivos, tranquilizantes y quimioterapias no servían. La dejó hablar veinte minutos y desgranar uno a uno todos los problemas que sitiaban su alma en un cuadro que semejaba el infierno de Brueghel.

Cuando hubo terminado decidió hacerle una pregunta que había surgido con fuerza mientras escuchaba. No acertó, no era la pregunta adecuada. Añadió entonces unas recomendaciones realmente pertinentes que mejoraban mucho su calidad de vida. Fueron bien recibidas. Empatizó, trató de reforzar las capacidades de desahogo y curación de la propia paciente. Terminó con un comentario agradable y una sincera sonrisa. Ella se la devolvió al darle la mano para salir, incluso le miró a los ojos, cosa que le costaba mucho hacer.

En el silencio posterior se sentía inquieto. Tuvo que salir del despacho y caminar despacio en soledad por la parte posterior del ambulatorio. Había fallado. No había conseguido pulsar la cuerda adecuada. La paciente había perdido diecinueve kilos, las cosas no iban bien. Respiró hondo. Lo volvería a intentar.