Este es el blog de un equipo de Cuidados Paliativos... trabajamos "a pie de cama", en el domicilio del paciente, en su espacio más íntimo y personal.

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sábado, 26 de abril de 2014

... aunque me cueste la vida.



El otro día una paciente me decía: "Quiero seguir luchando contra este cáncer... aunque me cueste la vida". Era una paciente con enfermedad oncológica metastásica, pero que cumplía los criterios de inclusión necesarios para "participar" en un ensayo clínico fase II.
Se sabe que la quimioterapia es un tratamiento activo, con importantes efectos secundarios. En un  reciente artículo del BMJ (publicado el 4 de marzo de 2014) y titulado Associations between palliative chemotherapy and adult cancer patients’ end of life care and place of death: prospective cohort study. Se exponían los siguientes resultados

Los pacientes tratados con quimioterapia paliativa tuvieron tasas más altas de RCP, ventilación mecánica o ambos en la última semana de vida. Además fueron derivados a centros de cuidados paliativos de manera más tardía que el grupo control y sin que se encontraran diferencias en la supervivencia. Los pacientes que recibieron quimioterapia paliativa murieron con más frecuencia en una unidad de cuidados intensivos y tuvieron muchas menos probabilidades de morir en sus casas o donde les hubiera gustado que los pacientes que no la recibieron.
En las conclusiones los autores exponían lo siguiente:
Nuestros resultados sugieren que un menor uso de la quimioterapia paliativa entre los pacientes con una esperanza de vida de seis meses o menos puede reducir la utilización de cuidados intensivos al final de la vida y un acceso más precoz a los servicios de cuidados paliativos, mejorando así la calidad de la atención al final de la vida de los pacientes con cáncer avanzado.
Y añadiría... y mucho más si es un paciente dentro de un ensayo clínico. El otro día leía el blog nogracias.eu y he de decir que estoy de acuerdo en lo que dicen: actualmente la oncología es una de las especialidades que parecen fuera de control. La industria farmacéutica ha encontrado, como con los problemas emocionales, un importantísimo nicho de mercado que se basa en la desesperación del que ve cerca la muerte.
Peter Gøtzsche, director del Centro Nórdico Cochrane en su libro Dealdly medicines and organides crime: How Big Pharma has corrupted halth care cuenta como la investigación oncológica está basada fundamentalmente en variables intermedias o subrrogadas: “Los pacientes pueden estar sufriendo o morir mientras su variables subrrogadas mejoran”. Además, debido a la des-regulación a la que está sometida el área, en nombre de la urgencia y la gravedad de las enfermedades, la mayoría de los antineoplásicos se introducen en el mercado con una mínima comprobación de su efectividad: de 27 indicaciones diferentes aprobadas en Europa, la documentación clínica que la justificaba consistía en pequeños estudios de un solo brazo en 8 casos. El número total de pacientes no superaba los 240 de media y en la mitad de los casos solamente evaluaban variables subrrogadas como la remisión parcial o total del tumor. Los estudios que medían la supervivencia, no aportaban más de 1 mes de prolongación de vida. Sin embargo, el costo de 12 nuevos antineoplásicos aprobados en Europa entre 1995 y el 2000, sin aportar ninguna mejora significativa, era 350 veces más caro que los más antiguos.