Este es el blog de un equipo de Cuidados Paliativos... trabajamos "a pie de cama", en el domicilio del paciente, en su espacio más íntimo y personal.

Todos los días hay un viaje distinto, duro, sorprendente, triste, emocionante... y con un final.

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martes, 26 de mayo de 2015

También esto pasará.



La protagonista, una mujer en la raya de los cuarenta -algo burguesa, algo moderna y algo intelectual- va a visitar por primera vez al cementerio a su madre recién fallecida, de la que está haciendo un duelo difuso, en el que la voluntad de agarrarse a la vida y la consciencia de que la ausencia se agarra a ella crean emociones oscilantes y una estrategia existencial indecisa. Así lo explica el personaje:
"No estoy enfadada. Pero mentalmente ya he empezado a calcular los minutos que faltan para que se vaya y me quede sola y tu muerte vuelva a asaltarme y todo vuelva a empezar. Todo el amor de mis amigos y de mis hijos no es suficiente para resistir la embestida de tu ausencia, necesito estar bien agarrada a un tío para no salir volando por los aires.".
Al llegar al cementerio se encuentra con que el portalón de la entrada tiene el cerrojo echado. El sitio está cerrado. Se apoya sobre el portalón. Empieza a empujarlo con su cuerpo, a mover el pomo. Piensa que puede llamar al alcalde. Nota que se ha echado a llorar. Trata de tranquilizarse. Todo tiene solución. Entonces llama suavemente a la puerta y dice: "Mamá, mamá."
Es la imagen de la niña llamando a la casa donde vive su madre, sólo que la niña ya no es una niña, y la madre ya no está, aunque sí su casa. La mayor desolación: un niño que vuelve de algún lugar remoto (la edad adulta, por ejemplo) y llama a la puerta de la casa en la que ha vivido con los seres que le amaron, pero donde no queda nadie ni tampoco donde buscar. El significado puro de la ausencia es un regreso nuestro adonde estuvieron aquellos que una vez amamos. Y ese regreso es el final de un duelo (el de lo perdido), y el principio de otro (el de que lo perderemos todo).
Curiosamente, este segundo duelo hace que el primero sea realizable o superable, pero no por elevación de la desgracia o por extensión de la ausencia, sino porque pronto nos reuniremos con lo que se fue y se irá, en el alma de todo. Entonces amamos verdaderamente, acaso más que nunca, a los que ya no están.