Este es el blog de un equipo de Cuidados Paliativos... trabajamos "a pie de cama", en el domicilio del paciente, en su espacio más íntimo y personal.

Todos los días hay un viaje distinto, duro, sorprendente, triste, emocionante... y con un final.

¿Nos acompañas?.



jueves, 20 de enero de 2022

DeNTRo De...



Mercedes cierra los ojos cuando entramos en su casa. El sufrimiento se refleja en su gesto, en sus manos, en su postura,… en ella entera.

A sus 52 años, y desde hace 2, un tumor cerebral se ha hecho fuerte en su interior. Un intruso la ha conquistado y a cañonazos ha destruido sus sueños y sus opciones de futuro. Ya está casi aniquilada. “Ayudadme, por favor,… sacarme de esta mierda en la que me he metido”.

Y mientras estamos con ella, casi en ella, me viene a la cabeza una canción de Antonio Vega.

 

Donde nos llevó la imaginación,

donde con los ojos cerrados

se divisan infinitos campos.

Donde se creó la primera luz

germinó la semilla de cielo azul,

volveré a ese lugar donde nací.

De sol, espiga y deseo

son sus manos en mi pelo.

De nieve, huracán y abismos

el sitio de mi recreo.

Viento que en su murmullo parece hablar

mueve el mundo con gracia le ves bailar

y con él, el escenario de mi hogar.

Mar, bandeja de plata, mar infernal

es un temperamento natural.

Poco o nada cuesta ser uno más.

Silencio, brisa y cordura

dan aliento a mi locura.

Hay nieve, hay fuego, hay deseo

ahí donde me recreo.

 


domingo, 2 de enero de 2022

aiSLaDoS...


 

Hace 25 años que empezó este mal sueño. Me diagnosticaron un cáncer de mama, yo tenía 32. Acababa de entrar en política, en el ayuntamiento de mi pueblo, era mi pasión. Estuve alternando periodos de vida plena con etapas de pesadilla, la quimio, el malestar posterior, la tensa espera, el resultado de las pruebas, los periodos de tregua que me concedía la enfermedad, la vuelta a empezar.

Hasta que hace 1 año la progresión del cáncer me obligó a dejarlo casi todo. Desde entonces sólo he vivido por y para él. Mi marido ha rechazado ofertas de trabajo, posibilidades de ascender en lo suyo por estar conmigo y acompañarme incondicionalmente durante todos estos años. No sé cómo agradecérselo. Nunca imaginé que el amor fuera eso, tanto amor.

Mis tres hijas viven su vida, es lo natural.

Carmen falleció hace unos días en el hospital, su marido no fue capaz de vivirlo solo en casa. Eso, en nuestra jerga, se llama claudicación familiar. Al entrar en el hospital la PCR dio positiva, la aislaron mientras esperaban el resultado de la de su marido, que también dio positivo. Vivieron el final juntos en una habitación aislada dentro del hospital. Fue duro. Sus hijas no llegaron a tiempo. Tras el fallecimiento no hubo velatorio, la incineraron, él positivo, ellas negativo.

Después él tuvo que plantearse la cuarentena, la primera nochebuena solo. Sin embargo, sus hijas decidieron confinarse con él, los cuatro juntos en una Navidad diferente. Viven estos días solos, acompañándose, hasta que todas las pruebas, unas dieron positivo al cabo de los días, otras negativo, … salgan negativas. Todavía están juntos y aislados del mundo, quizás sea lo mejor para ellos ahora.

Yo empecé con mocos a los pocos días y, pese a mantener todas las medidas en las visitas y fuera de ellas, vuelta a hacernos la PCR. Dio negativa. Estamos de que nos metan el palo…

 

viernes, 31 de diciembre de 2021

SoLaMeNTe Tu MaNo...

Happy New Year


Mira, no pido mucho,

solamente tu mano, tenerla

como un sapito que duerme así contento.

Necesito esa puerta que me dabas

para entrar a tu mundo, ese trocito

de azúcar verde, de redondo alegre.

¿No me prestas tu mano en esta noche

de fin de año de lechuzas roncas?

No puedes, por razones técnicas.

Entonces la trazo en el aire, urdiendo cada dedo,

el durazno sedoso de la palma

y el dorso, ese país de azules árboles.

Así la tomo y la sostengo,

como si de ello dependiera

muchísimo del mundo,

la sucesión de las cuatro estaciones,

el canto de los gallos, el amor de los hombres.

 

Julio Cortázar

31 de diciembre de 1951

lunes, 6 de diciembre de 2021

CoNTiNuaMoS aPReNDieNDo...


“Escucha, … escucha el silencio que hay cuando cae la nieve.” Alfredo perdió a su mujer hace unos meses, la cuidó mientras el olvido la envolvía de tal forma que ya no sabía quién le decía “Buenos días” cada mañana. Aquel túnel negro sin salida le hizo silencioso y le aisló del mundo, del otro mundo.

Cuando hacía bueno salían al patio de su casa, ella caminaba con dificultad pero aun así se acercaba a la nave donde estaba el viejo tractor, ese tractor rojo que les dio la vida y alimentó a toda la familia durante años, y lo tocaba como acariciándolo. Alfredo la dejaba unos minutos y ella, apoyada en la rueda, le hablaba bajito susurrando palabras que sólo ella entendía y, probablemente, el tractor también. Al cabo de un ratito lo besaba y daba media vuelta. Alfredo siempre supo que se estaba despidiendo de él.

Otro día y a unos cuántos kilómetros, Elisa nos hizo un regalo. Su esposo de 93 años está encamado y padece una enfermedad en fase terminal. Ella, que ha sido profesora de lengua, está sentada en un sillón viendo películas del oeste en la tele. También los recuerdos fueron resbalando de su mente hasta ese precipicio que, al final, se los tragó como un gran agujero negro.

Tienen trece hijos, desperdigados por el mundo, y su casa es enorme. Cuando ya nos vamos la hija le pregunta a su madre si quiere cantarnos algo “para agradecer a estas chicas que hayan venido a vernos…”. Su madre se levanta contenta y juntas, a dúo, nos interpretan una canción inolvidable, que se quedará en los archivos de nuestra memoria mientras dure.

Pedro tiene apenas 60 años. Le gustan las motos y ha viajado por casi toda Europa con una Honda enorme. Hace 5 años le diagnosticaron un cáncer y empezó el tratamiento de quimioterapia. En algunas ocasiones éste coincidía con algún viaje, “… y el oncólogo me retrasaba la quimio. Me dejaba vivir, qué gran persona! Cuándo volvía, yo creo que el gotero me sentaba mejor…”.  Tiene un dolor que le ha obligado durante semanas a quedarse en la cama y que con un infusor de morfina hemos controlado bastante bien, ya se levanta e incluso baja a darse una vuelta del brazo de su hijo. Desde el principio ha asumido la enfermedad y el final no lejano. Su hijo dice que su padre siempre ha afrontado los problemas de cara, intentando buscarle a la realidad los rincones donde se esconde la sonrisa y, si se encuentra, el humor. Nos dice: “Vaya, este año que me voy, seguro que nos toca la lotería de Navidad!”. A lo que su hijo responde: “No papá, este año… tampoco nos tocará la lotería!”. Se ríen suavecito, nos reímos todos… suavecito.

La vida: sabiduría, aprender a lidiar, ser junco, amar, saber dejar, saber estar, reír, llorar si toca, callar, escuchar,... Seguir caminando mientras podamos.


domingo, 14 de noviembre de 2021

áNGeLes SiN aLaS...

En todos estos años hemos recibido algunos regalos y, sobre todo, cartas de agradecimiento que guardamos como grandes tesoros. Aún me cuesta entender como alguien es capaz de escribir con gratitud cuando el dolor te envuelve tras la pérdida de un ser querido, recordando a quienes te acompañaron en ese trance, en el trascender.

Esas palabras recién salidas del alma, todavía calientes, nos calan hacia las coronarias, llegan al ventrículo y de allí se expanden al resto de las células de nuestro cuerpo, liberando endorfinas y colmándolas con la sensación de lo bien hecho, de aquello que se suele hacer con el corazón.

También, claro, pero en menos ocasiones, hemos tenido quejas por no llegar a tiempo o por no estar cuando más nos necesitaban. Eso sienta mal, duele. El dolor se transmite como una corriente por el espinazo, inesperado, intenso y difícil de manejar.

Todas las cartas vienen siempre firmadas por la familia del paciente, pero hace unas semanas nos llegó una sin firma. Desconocemos el remitente, pero es tan hermosa que quiero compartir solo una parte.

A veces, los ángeles no tienen alas.

Sucede en muchas ocasiones, más de las que creemos, que te cruzas con un ángel,

y al no verlo tocado con su característico par de alas, ni cuenta te das.

Pero es que los ángeles, en muchas ocasiones, no tienen alas.

Ángeles de carne y hueso, de bata blanca y zueco a retalón.

Ángeles que necesitan fumarse un cigarrillo tras cada visita, porque si no,

colgarían la bata y nos entregarían firmada su dimisión.

Que ahogan las lágrimas en sus ojos cansados cada vez que tú te rompes por dentro,

que asumen tu carga y alivian tu pesar.

Ángeles guías más que custodios; más que divinos, humanos;

más que escogidos, amados.

Muchas veces los ángeles vienen sin alas y se las ganan a pulso

con cada palabra, cada sonrisa, en cada mirada.

Ángeles que dejan la vida en cada paciente…

Ángeles que no por temidos son menos queridos.

Ángeles recordados por un día, olvidados el resto y venerados para la eternidad.

Ángeles con nombre de mujer, manos de madre y mirada de hija.

Ángeles en los que creer a pies juntillas, con hechos probados.

Si te apeas un segundo de tu locura diaria y prestas atención, les verás.

Tras batas manchadas por vidas segadas en batallas no ganadas,

archivando historiales que pesan como losas que los cubrirán,

descubriendo nuevas almas a las que salvar.

Detén tu carrera un segundo, observa sus castigados ojos que todo lo han visto

y más que les resta por ver, y descubrirás que en ese preciso momento, a tu lado,

ha pasado un ángel.

No uno, sino dos.

 

domingo, 10 de octubre de 2021

eSCuCHaNDo eL SiLeNCio...


Últimamente me pregunto si uno está fuera de la realidad por convicción o por vocación, o es la realidad la que lo despacha a uno.

Siento que la mayoría de las cosas no me pertenecen ni me interesan, que el presente es otra cosa que debe estar un poco escondida porque la mayoría de la gente no lo comparte. Admiro la fuerza de los pequeños gestos, la inmensidad de algunos momentos, el amor del instante. La verdad que está oculta entre la maraña, el hilo que te conduce a ella y el lujo de ser capaz de vivir ese soplo de aire fresco y auténtica realidad, en medio del caos en el que estamos inmersos y del que no me siento parte.

Este sentimiento no me produce tristeza, sino estupor y sorpresa, me aísla y me concentra a la vez que me dispersa de lo y de los demás. Tampoco es una sensación nueva, pero si más intensa y que quiero aprovechar.

Me muevo cada día entre el fino filo que separa la vida y la muerte. Acompaño en el transcender, me arrimo al anochecer y escucho lo finito, lo que ya ha sido, lo que es, lo que no es y lo que nunca será. Conozco lo que es final y todo lo que arrastra, sé que la vida pende de un suave hilo de seda que oscila según el viento, y que nos vamos con lo puesto, con lo vivido, con lo hecho. No me asusta (o eso quiero creer), no pienso en el tiempo, ni en que un día se acabará, pero si en disfrutar los demás días. Casi siempre lo he hecho, pero ahora siento prisa, tengo más ganas y más convicción. No sé exactamente lo que quiero, aunque tengo una idea, pero tengo muy diáfano lo que no quiero en mi vida.

Pensar esto me da tranquilidad y sosiego. Además, no me siento sola, hay unos cuantos duendes en el bosque, me los encuentro sin querer, cuando el silencio acalla el ruido y uno ha aprendido a escuchar. Apenas se oye el murmullo, se mueven entre las hojas caídas y el sol.

Solo quería compartir esto.