Este es el blog de un equipo de Cuidados Paliativos... trabajamos "a pie de cama", en el domicilio del paciente, en su espacio más íntimo y personal.

Todos los días hay un viaje distinto, duro, sorprendente, triste, emocionante... y con un final.

¿Nos acompañas?.



martes, 12 de enero de 2010


Hemos pasado el día en una cabaña en la montaña, con unos amigos a los que hace tiempo que no veíamos, rodeados de nieve, caballos y un burro. La sala de estar calentita, y junto al fuego de la chimenea unos sillones frente a un gran ventanal desde donde se veía la montaña blanca salpicada de abetos.

Hace un mes operaron a Sebas de un tumor renal, en un estadio precoz de la enfermedad, con buenas posibilidades de recuperación total. Es una persona muy activa y un “manitas” que ha transformado una borda en una cabaña sólo con la ayuda de amigos. Quiere montar un restaurante y un refugio para montañeros, ya le falta menos.

Juani, su mujer nos cuenta, mientras nos tomamos un licor típico de la zona, cómo fueron los veinte días que pasaron entre el diagnóstico y la intervención. “Cuando fuimos a buscar el resultado del TAC, el médico nos dijo de sopetón: tiene un tumor maligno,hay que operarle ya....si, si, de los malos. Nos levantamos como flotando, teníamos que ir a recepción a no sé qué...por suerte nos tropezamos con su médica de cabecera en el pasillo y nos tranquilizó un poco ayudándonos con las citas. A partir de ese día yo veía que él, sin decir nada, iba arreglando papeles, facturas pendientes, diciéndome: estos papeles están en esta carpeta, los de la casa en el archivador,..... así hasta que un día nos sentamos a hablar. Hablamos mucho, los dos teníamos miedo, pero había que tirar adelante, sin parar a pensar mucho en las posibilidades de fracaso para no caer en la desesperación....Me acuerdo del día en que nos dieron el papel del consentimiento para que lo firmáramos, ni sabíamos lo que firmábamos. Luego en casa leyéndolo con tranquilidad nos asustamos, la palabra “muerte” aparecía en varios párrafos, pero,...qué habíamos firmado?. Menos mal que teníamos a la médica de cabecera que nos lo explicó despacio y lo entendimos. Sebas llevaba años sin hablarse con su familia, le daba igual que les llamara y les llamé. Vinieron a verle al hospital, y ahora vienen a menudo o le llaman. Eso está mejor, le sienta bien y le anima.”

Sebas está de buen humor porque se encuentra bastante bien, en realidad hace ya una vida casi normal, y además le han dicho que las probabilidades de salir de ésta son altas. Sólo tiene 56 años y le parecía un poco pronto para irse, dice, “no tenía miedo por lo que dejaba aquí o por lo que pudiera encontrar en el más allá, sino por lo que había emprendido y no iba a poder continuar...mis sueños. Qué diferente es todo cuando se vive desde el otro lado...A veces dudo sobre cosas que hasta hace poco tiempo creía tener muy claras...Intento no obsesionarme con la revisión de marzo.”