Este es el blog de un equipo de Cuidados Paliativos... trabajamos "a pie de cama", en el domicilio del paciente, en su espacio más íntimo y personal.

Todos los días hay un viaje distinto, duro, sorprendente, triste, emocionante... y con un final.

¿Nos acompañas?.



sábado, 20 de febrero de 2010


Hablando de la silicona, la virilidad y el Olvido, hace un tiempo leí en algún sitio que no recuerdo y tampoco anoté, una conversación entre un enfermero y un paciente que iba a hacerse una analítica de sangre.

El enfermero le pregunta al paciente si puede esperar un poco, ya que ha surgido un imprevisto y tiene que ausentarse de su puesto durante unos minutos.

El paciente le dice que no puede esperar, ya que necesita ir al geriátrico para desayunar con su esposa. El enfermero le pregunta sobre la salud de ella.

Él responde que hace tiempo que está ingresada allí, ya que padece de Alzheimer.

El enfermero le pregunta si ella se enfadaría si llega un poco más tarde.

El paciente le dice que ella no sabe quien es él, hace cinco años que ya no puede reconocerlo.

Sorprendido, le pregunta: "Y usted sigue yendo cada mañana, aún cuando ella no sabe quién es usted ?"

Él sonríe y le acaricia la mano: "Ella no sabe quién soy, pero yo aún sé quién es ella."



La gente más feliz no necesariamente tiene lo mejor de todo.
Ellos sólo hacen todo, lo mejor que pueden.



viernes, 19 de febrero de 2010


 

Hoy me llegó por email esta bien llamada...

Genial reflexión:
Esta frase es una cita del Nobel de medicina ( Oncólogo de Brasil Drauzio Varella):
 
"En el mundo actual, se está invirtiendo cinco veces más en medicamentos para a la virilidad masculina y en silicona para las mujeres, que en el estudio del Alzheimer. De aquí a unos años, tendremos ancianos con grandes pechos y con penes duros, pero ninguno de ellos se acordará de para qué sirven”.

P.D: Muchas gracias Paz por habérmela enviado.

jueves, 18 de febrero de 2010

la ignorancia lleva al sufrimiento...



La verdad de un pronóstico de vida corto puede ser inicialmente dolorosa. Su ocultación, aun bienintencionada, es el peor remedio en la medida que mantiene al enfermo en la incertidumbre, lejos de su realidad, impidiéndole tomar decisiones y ser el propietario de su vida hasta el final. Las falsas expectativas de curación, mantenidas desde el miedo y con la complicidad de tratamientos fútiles, acaban siempre por derrumbarse.

La realidad se impone, y más duramente, cuando no se ha tenido ni el tiempo ni la ayuda para poder gestionar el difícil y complejo cambio que supone despedirse de haber vivido.



El estudio del VCU Massey Cancer Center presentado en la reunión anual de la ASCO evidencia y cuantifica nuestra experiencia clínica cotidiana en cuidados paliativos. En este estudio sólo el 37% de pacientes reconocía haber sido informado de su pronóstico. Nuestros porcentajes son inferiores. Allí el 20% de pacientes recibieron quimioterapia la semana previa al fallecimiento. De conocer su pronóstico, probablemente muchos hubieran elegido otra forma de morir.

Acompañar pacientes en sus últimos días nos ha enseñado que ellos disponen de una fuente de información intocable: su propia intuición. Al acercarse a la muerte, el enfermo suele intuir su proximidad, casi siempre cuando está ya al borde y no le queda tiempo, sobre todo si lo ha invertido en una fantasía que ahora se desmonta. Para los familiares y profesionales, es duro presenciar este sufrimiento, sabiendo que hay formas más inteligentes y compasivas de acompañar al que se va, aunque al principio exijan más honestidad, más compromiso y buenas habilidades de comunicación por parte de los profesionales.

La comunicación honesta del pronóstico no es tarea fácil para el profesional, ya que implica la gestión de las emociones que de ella surgen y que su formación biomédica no ha previsto. Disponemos de evidencias de que los profesionales con buenas habilidades de comunicación obtienen mejor adaptación de sus pacientes, más satisfacción, menos estrés e incluso menos denuncias, y a pesar de que disponemos de métodos de enseñanza eficientes, los currículos aún no los contemplan.



La reflexión de estos hechos debería llevarnos a centrar el interés de los sanitarios en la persona del paciente, más que en su enfermedad, recuperando nuestra tradición humanista y la visión integral de la persona. Legislar para obligar a los profesionales que informen del pronóstico no parece la mejor opción si antes no les hemos preparado para que lo hagan de forma empática y no nos hemos dotado de los recursos para acompañarle en este tránsito.





Enric Benito
Responsable de la unidad de cuidados paliativos
del hospital Joan March de Mallorca.



miércoles, 17 de febrero de 2010


Si hoy fuera el último día de mi vida...

¿ querría hacer lo que estoy a punto

de hacer hoy ?


Y cada vez que la respuesta ha sido “NO”

por varios días seguidos,

sé que necesito cambiar algo.


domingo, 14 de febrero de 2010


Últimamente hemos hablado de bailes...Pues ahí va la preciosa letra de un tango de Héctor Negro, que me mandó un amigo muy especial.


"QUIERO ELEGIR MI VIDA"

No quiero que esto sea un modo de morir,
la forma de durar hasta el silencio.

Quiero dejar el rastro de mi luz,

el eco de mi sangre,
quiero saber que puedo.

No quiero envejecer
sin incendiar de amor la ruta de mis pasos,
quiero elegir mi tiempo de gritar,
el de tirarme bajo el sol y el de cruzar mis brazos.

Quiero elegir mi vida
el gusto de mis besos,
el sitio de mis sueños.

Quiero elegir el cielo
debajo del que un día regresaré al misterio.

Quiero elegir mi vida,
la risa que a mi risa le servirá de eco.

Quiero elegir la gente que comerá en mi mesa,
quiero cantar con ellos.

Quiero elegir mi vida,
sembrar lo que me sale,
volar con lo que tengo.

Quiero empujar mi suerte,
quiero elegir mi vida,
quiero saber que puedo.






viernes, 12 de febrero de 2010

Redes: Cara a cara con el cáncer.


Videos tu.tv

CoMuNiCaCióN...




Hemos hablado varias veces sobre la comunicación con los pacientes y las familias durante el proceso de enfermedad. Es un tema que nos preocupa y sobre el que intentamos aprender cada día, ya que no existen protocolos ni se estudia en la carrera. Aunque hay muchas técnicas en la teoría y nos hemos intentado formar asistiendo a cursos relacionados con el tema, en la práctica te encuentras sólo (al equipo me refiero, los nuestros no cuentan con psicólogo) ante situaciones difíciles de manejar, duras, muy diferentes entre sí y en las que intervienen múltiples variables y matices. Sin embargo, la comunicación es algo que puede aprenderse y entrenarse.

La comunicación es un proceso, un instrumento terapéutico esencial, que siempre debe ser bidireccional, gradual, ajustado, continuo y cambiante en el tiempo, en función de las necesidades del paciente y la familia. El objetivo básico es permitir la adecuación del paciente y su familia a la situación real que están viviendo, dándoles la oportunidad de adaptarse y afrontar lo mejor posible esta nueva situación y ser conscientes de los cambios que pueden ir surgiendo con el paso del tiempo. No sólo en la transmisión de malas noticias, sino en todo el proceso de la enfermedad.

Se considera que el 60% de la comunicación es No Verbal (postura, actitud, gestos, miradas, tacto,...). Nosotras la comparamos con un baile (como las lentas que ponían antes en las discotecas), en el que el paciente y la familia son los que marcan los pasos y nosotras seguimos su ritmo. Es esencial tener buen oído para escuchar bien la melodía, dejarte llevar y saber seguir el ritmo,....porque facilita el cumplimiento terapéutico, ayuda a tomar decisiones, tanto al paciente como a la familia, genera confianza, ayuda a liberar tensiones, dudas, temores y ansiedad, ventila sentimientos que pueden generar malestar, facilita la relación entre el paciente y los familiares intentando evitar el aislamiento añadido al sufrimiento (dar salida y compartir las emociones y los sentimientos alivia), da apoyo emocional en momentos muy, muy duros, crea refuerzos positivos, ayuda a evitar sentimientos de culpa, facilita el proceso de duelo posterior,... En fin, que es fundamental.

Algunos estudios asocian una mayor edad, una peor situación física del paciente y un bajo nivel educativo a un menor deseo de participar en la toma de decisiones. Este deseo de participar también depende de determinados factores como: significado que tiene la enfermedad para el paciente, fase evolutiva de la enfermedad, factores socioculturales,... Además no siempre los deseos concuerdan con la actitud que posteriormente adopta el paciente, se ha observado que los pacientes que adoptan una actitud más pasiva de lo que desean, presentan mayor grado de ansiedad.

Antes de dar ningún tipo de información es necesario evaluar los deseos y/o necesidades del paciente de conocer información acerca de su enfermedad. Estos deseos deben ser valorados durante las distintas fases de la enfermedad, pues pueden variar con el tiempo.



Experiencias nuestras y algunas anotaciones del
Manual de Control de Síntomas
en Pacientes con Cáncer Avanzado y Terminal
J. Porta, X.Gómez-Batiste, A.Tuca

domingo, 7 de febrero de 2010


Hace unos días falleció un vecino que padecía una enfermedad oncológica, y aunque mi abuela decía: “en la comunidad no demuestres tu habilidad”...,en este caso la esposa me comentó un día la enfermedad de su marido y el estado avanzado de la misma.

Lo estaban visitando los equipos de soporte y atención domiciliaria y estaba muy contenta y tranquila con los cuidados que recibían tanto el paciente como la familia. Pero algún fin de semana me llamó para que le ayudara a resolver alguna duda de última hora o algún pequeño incidente que había surgido. La primera vez que entré en su casa me sorprendió la presencia de varios niños pequeños y la naturalidad con la que entraban y salían de la habitación del abuelo, el ver cómo asistían a las conversaciones de los adultos sobre la enfermedad y el inminente desenlace que ocurriría en breve. También me contaron (no tendrían más de 10 años) que su otro abuelo había muerto hacía un año y que el yayo Paco (el paciente) iría pronto a reunirse con él,...hablaban de la muerte.

En nuestro trabajo hemos tenido poca experiencia con duelos en niños y empecé a buscar información. Os cuento algo (porque hay mucho publicado), resumido.

Cómo Percibe el Niño la Muerte
Las ideas de muerte de un niño derivan de sus tradiciones familiares. Los niños suelen comenzar a preguntar sobre la muerte cuando ven morir o ya muerto a un animal o a su mascota; es importante, en este momento, responder todas sus dudas para que se formen una adecuada idea de lo que significa el hecho de morir. Lo más importante es decir al niño desde pequeño que todos vamos a morir algún día, que ésta es una ley de la naturaleza y que en ese momento es natural sentir pena y deseos de que esa persona regrese con nosotros.

Hasta aproximadamente los 3 años el niño no tiene definido lo que es la muerte, sin embargo, lo manifiesta a través de reacciones como el llanto, irritabilidad, pérdida de apetito, dormir poco y mantener una constante búsqueda de esa persona. Hasta los 9 años, la reacción inicial es de tristeza, se vuelve pensativo, agresivo, trata de llamar la atención, y cree que el ser querido en cualquier momento regresará. Pasados los 9 años el niño piensa, al igual que los adultos, que el morir es algo natural, físico, universal e irreversible, sin embargo, no tiene plena conciencia de la verdadera realidad.

Cómo Reacciona el Niño Ante la Muerte
Inicialmente se ve envuelto en una constante negación y confrontación. Transcurrido el tiempo va restableciéndose, de manera que logra adaptarse nuevamente a su entorno natural.
El niño frente a la pérdida reacciona de diferentes maneras, algunas de las respuestas a la pérdida son la ansiedad, la cólera y la culpa.

Los adultos suelen estar presentes cuando muere un familiar y si no lo están, la información les llega pronto. En cambio, en nuestra sociedad, esto no ocurre con los niños, y la información suele llegarles en forma tardía y equívoca. Debido a esto muchas veces la respuesta del niño no está en consonancia con lo ocurrido. Cuando muere uno de los padres, casi siempre es el progenitor sobreviviente el que informa a los hijos de este hecho, lo que obviamente es un paso penoso y difícil. En la mayor parte de los casos, esta información se entrega en forma inmediata, pero en algunos llega a postergarse por semanas e incluso meses. Generalmente, se le informa al niño de que el progenitor fallecido está en el hospital muy, muy enfermo o que se ha ido al cielo. Suele ocurrir que el cielo, para el niño, no es diferente de otros lugares físicos y entonces puede llegar a creer que el familiar muerto regresará pronto. Esta información es difícil de dar porque se busca proteger al niño de la impresión de muerte y de la situación de duelo.

Se debe tener en cuenta que los niños interpretan rápidamente los signos, y cuando un adulto teme expresar sus sentimientos, ellos también reprimen los suyos y dejan de hacer preguntas al respecto, por este motivo algunos niños suelen negar la muerte.

Debe considerarse que las patologías y la confusión nacen al ocultar la información de muerte a un niño, o cuando se reprimen sus sentimientos. Sólo cuando se les da información verdadera y el apoyo necesario, los niños son capaces de asumir y responder al duelo en forma realista y sana.

Cómo Apoyar al Niño en Esta Situación.
Aceptación: Explicarle abierta y claramente el proceso de la enfermedad o la muerte del ser querido. No decirles frases como "se fue de viaje","se durmió", "se fue al cielo" o "tienes un angelito". Los niños de estas edades se toman todo al pie de la letra. Es mejor decir que ha muerto, que usar expresiones como "se ha ido", "lo hemos perdido" (pueden pensar: ¿y si me pierdo yo y no sé volver a casa?), "ha desaparecido", "se ha quedado dormido para siempre" (pueden temer no poder despertarse),...Estas expresiones pueden alimentar su miedo a morir o ser abandonados, y crear más ansiedad y confusión.

Al hablar del ser querido hacerlo en tiempo pasado, evitando hablarle en tiempo presente. Permitir, si es la voluntad del niño, que participe en las ceremonias religiosas. Por lo común no se lleva al niño al entierro, y si se lo lleva, no se le explica la razón de estar ahí.

Experimentación del dolor: Estimular al niño a que exprese sus sentimientos y los recuerdos con referencia al ser querido perdido. El adulto no debe privarse de manifestar su dolor en presencia del niño. Evitar cambios drásticos en el entorno familiar, las tareas cotidianas y las costumbres ya establecidas.

Siempre que las condiciones sean favorables, todo niño va a llorar a un familiar desaparecido, igual que en el duelo sano del adulto. Las condiciones para el duelo infantil no son tan diferentes a las del duelo del adulto. Las más significativas son:
Que haya mantenido una relación razonablemente segura y afectuosa con su ser querido antes de sufrir la pérdida. Que se le dé información precisa sobre lo ocurrido, que se le permita hacer toda clase de preguntas y se le conteste del modo más honesto posible. Que participe en la aflicción de la familia e incluso en las ceremonias fúnebres. Que cuente con la consoladora presencia de un adulto de referencia y que tenga la seguridad de que esa relación habrá de continuar.

Puede tener estallidos de cólera por la pérdida sufrida y en otras ocasiones sentimientos de culpabilidad, también teme que el adulto sobreviviente muera, es decir, el resultado de una pérdida es temer sufrir otra pérdida. A menudo se encontrará ansioso y tendrá conductas difíciles de comprender. Esta actitud lo hará especialmente sensible a toda separación de la figura que permanece con él posteriormente y también a cualquier hecho que le parezca indicar otra pérdida.

Cuando las condiciones son favorables, el duelo de los niños se caracteriza por recuerdos e imágenes persistentes de la persona fallecida y por repetidos accesos de anhelo y tristeza, especialmente en reuniones de familia y aniversarios o cuando comienza una nueva relación. El niño debe aprender a diferenciar la relación anterior de la nueva para que ésta prospere, esto es más decisivo aún cuando se trata de una nueva figura parental, pues surgen las comparaciones. El niño responderá mejor a los nuevos rostros si el progenitor sobreviviente y/o la nueva figura parental son sensibles al recuerdo del niño por la relación anterior.

Reorganización del ambiente: No hacer cambios inmediatos. Estimular a que el niño participe en los cambios.

Reinversión de la energía: "Sentirse bien" en ausencia del ser querido. Estimular al niño a que busque nuevos amigos y proyectos.

Riesgos de Duelo Patológico en el niño: Apatía y ausencia de reacción ante la pérdida. Ausencia de respuestas afectivas manifestándo aislamiento e indiferencia. Búsqueda de reemplazo inmediato al ser querido fallecido. Disminución de la autoestima. Sentimientos de culpa y auto reproches ante la muerte del ser querido. Tristeza permanente. Pérdidas del autocuidado, ejercicio de actitudes y acciones de riesgo.

sábado, 6 de febrero de 2010


- ¿Qué le sorprende a usted más de la Humanidad?

- Los hombres,....porque pierden la salud para ganar dinero, después pierden el dinero para recuperar la salud. Y por pensar ansiosamente en el futuro no disfrutan el presente, por lo que no viven ni el presente ni el futuro.

Y viven como si no tuviesen que morir nunca....., y mueren como si nunca hubieran vivido.


The 14th Dalai Lama

domingo, 31 de enero de 2010


Poniendo orden entre libros y papeles, ha aparecido en mis manos Rayuela, de Julio Cortázar. Está manoseado porque en esa época iba de mano en mano,...al final se quedó conmigo. Tiene algunas páginas señaladas, dobladas, y entre ellas una que es una auténtica delicia. No puedo resistirme a escribirla.

“Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender, coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.”



viernes, 29 de enero de 2010


Este es un retazo de la historia de una familia cualquiera...

El matrimonio ronda los sesenta y pico, tienen una hija casada y con dos niños pequeños, que vive en la misma ciudad y ayuda en el cuidado del paciente, su padre.

El enfermo permanece en su cama, con el lado derecho de su cuerpo paralizado tras un ictus hace unos meses. Suelen levantarlo unas dos horas al día, tarea en la que les ayuda una cuidadora que acude al domicilio veinte minutos para ayudarles a levantarlo y otros veinte para acostarlo. Por este servicio de lunes a sábado les cobra 240 euros semanales.

La esposa se desahoga, nos cuenta....Su vida no ha sido un camino de rosas. Después del trabajo, a él le gustaba salir con los amigos, volvía la mitad de los días bebido y, aunque la zarandeó alguna vez, le humillaba e insultaba casi a diario. Además, le gustaba jugar a las tragaperras y a las cartas y en los últimos meses pidió un crédito por ese motivo; al caer enfermo, su familia tuvo que asumir al pago del mismo. Cobran una mínima pensión de él y a ella, que ha trabajado limpiando casas, no le ha quedado nada. “Desde los cuarenta años no sé qué es estar con un hombre...en ninguno de los sentidos, ni como marido, ya que dormíamos separados desde hace muchísimo tiempo, ni como ayuda en casa...y, para remate, ahora esto....”

Al poco tiempo del ictus se inició tratamiento rehabilitador ambulatorio. El paciente era llevado en ambulancia al hospital dos veces por semana. Habitualmente se mareaba en la ambulancia y al llegar al gimnasio rendía poco y no colaboraba, motivo por el que volvía a casa tras una sesión poco aprovechada. A las pocas semanas se desestimó el tratamiento y se le dio de alta. Desde entonces odia los hospitales.

La esposa, a pesar de todo lo dicho, le trata con cariño, dedicación y resignación, “es lo que me ha tocado...”. Está bastante cansada, apenas sale a la calle ni habla con nadie, excepto con su hija a diario y con sus nietos pequeños los domingos.

Tras explorarlo, objetivamos que existe tono muscular y algo de fuerza, aunque muy poca, en la extremidad inferior del lado afectado; además padece una afasia motora, pero responde con monosílabos si le hablamos despacio y mirándole, manteniendo un buen nivel de alerta y buena conexión con el entorno. Creemos que en este tiempo el paciente se ha ido adaptando a la nueva situación y está más colaborador, además de haber mejorado su nivel cognitivo, tal como demuestran informes anteriores y nos ratifica la familia. Por todo esto y para descanso del cuidador principal, en este caso su esposa, le proponemos ingresar para nueva valoración por el servicio de rehabilitación, agotando todos los recursos a nuestro alcance. Le explicamos la propuesta también al paciente, y tras unos segundos que utiliza para asimilar, comprender la información y elaborar una respuesta, nos contesta que “conforme”.

Programamos el ingreso lo antes posible, se desplazan unos cuantos kilómetros y llegan por fin al destino. La esposa y la hija le acompañan y posteriormente volverán a sus respectivos domicilios para descansar, viniendo a verlo dos o tres veces a la semana. El paciente se queda sólo por primera vez en mucho tiempo, aunque con cuidadoras durante las comidas para ayudarle.

Al día siguiente es valorado por el servicio de rehabilitación que desestima cualquier tipo de tratamiento, considerando que las posibilidades de recuperación son nulas. Sé que el servicio de rehabilitación es bueno, porque conozco al personal desde hace tiempo, impecable en sus valoraciones, por eso confío en ellos. Pero el paciente estaba sólo, había hecho un largo viaje con todo el jaleo y desorden que eso supone (estos pacientes están habituados a unas rutinas que son las que les marcan el tiempo, los días, la vida), estaba cansado, alejado de su entorno protector, en un sitio desconocido y amenazador para él, no conocía a nadie (todavía no comprendemos todos los miedos que pueden surgir en un cerebro enfermo), pudo ser que en ese momento no entendiera bien las órdenes o que no estuviera suficientemente concentrado....o quizás, lo más probable, el día que lo valoramos en su casa hizo algún movimiento reflejo que nosotras malinterpretamos, no sé.

El caso es que, al día siguiente se propuso dejarlo ingresado unos días para que su esposa pudiera descansar, lo que se denomina ingreso para descanso del cuidador principal. Pero dado que el paciente iba a estar la mayor parte del tiempo sólo y la depresión suele ser una secuela en pacientes con estas patologías, cabía la posibilidad de que derivara en una depresión mucho más profunda y que la vuelta a casa fuera en peores condiciones de las que tenía cuando salió.

Pero sucedió que la familia ya había tomado una decisión. Conocedores del resultado de la valoración, viendo su cara triste al despedirse cuando lo dejaron sólo y tras pasar la noche sin dormir dándole vueltas al asunto, decidieron firmar el alta voluntaria y llevárselo de nuevo a casa, a su entorno habitual donde sí habría caras conocidas y los cuidados que ellas sabían que le hacían sentir bien.

No habían descansado, él no podría, probablemente, recuperar movilidad, pero asumían la situación y actuaron en conciencia. Hablamos con ellas y dijeron sentirse bien, lo habían intentado, pero habían decidido lo que creían mejor para él,... para todos.

Tenían la conciencia tranquila.