Este es el blog de un equipo de Cuidados Paliativos... trabajamos "a pie de cama", en el domicilio del paciente, en su espacio más íntimo y personal.

Todos los días hay un viaje distinto, duro, sorprendente, triste, emocionante... y con un final.

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domingo, 28 de junio de 2009

eL DueLo II


El proceso de duelo comienza desde el momento en que se tiene conciencia de pérdida, en su sentido más amplio. Las pérdidas que sufrimos en la vida son de lo más variadas: de la niñez, de valores, de prestigio profesional, de salud, de trabajo, separaciones y divorcios, desengaños, económicas, jubilación, de seres queridos,....Es importante trabajar nuestra capacidad de afrontamiento a las “pequeñas” pérdidas y la adaptación a los cambios que traen consigo, ya que este aprendizaje nos prepara para las pérdidas realmente importantes de la vida.

“Lo que una vez disfrutamos, nunca lo perdemos. Todo lo que amamos profundamente se convierte en parte de nosotros mismos”.

H. Keller

En cuanto a la pérdida de un ser querido, el duelo comienza desde que se confirma un diagnóstico con pronóstico de evolución desfavorable. El objetivo principal es facilitar el proceso de adaptación y prevenir un duelo complicado.

El duelo es una reacción normal ante la pérdida e incluye manifestaciones físicas, psicológicas y sociales. La intensidad y las alteraciones que provoca en el doliente van a depender de varios factores, como la relación emocional y de dependencia con el ser perdido, las circunstancias de la muerte, el tiempo de preparación para la pérdida, los recursos de que se disponen, tanto a nivel personal como familiar y social, así como las reacciones de respuesta en situaciones emocionales intensas previas en la experiencia del doliente.

El duelo no es una situación o un estado, es un proceso.

“Aunque la pérdida de un ser querido es un acontecimiento que no puede escogerse, la elaboración del duelo es un proceso activo de afrontamiento, lleno de posibilidades”.
T. Attig


Algunos estudios concluyen que las personas en duelo tienen una morbimortalidad superior a la población general. Se ha mostrado que tras una pérdida importante, las dos terceras partes de las personas en duelo evolucionan con normalidad y el resto padece alteraciones en su salud física y/o mental. Además, una cuarta parte de los viudos/as padecen depresión o ansiedad en el primer año tras la pérdida.


“La muerte se lleva todo lo que no fue, pero nosotros nos quedamos con lo que tuvimos”.
M. Rojzman