Este es el blog de un equipo de Cuidados Paliativos... trabajamos "a pie de cama", en el domicilio del paciente, en su espacio más íntimo y personal.

Todos los días hay un viaje distinto, duro, sorprendente, triste, emocionante... y con un final.

¿Nos acompañas?.



domingo, 6 de septiembre de 2009


He leído una pequeña y curiosa historia sobre Alejandro Magno.

Se cuenta que, encontrándose al borde de la muerte, el gran rey de Macedonia convocó a sus generales para comunicarles que quería que su ataúd fuese llevado a hombros, transportado por los propios médicos de la época. También les pidió que los tesoros que había conquistado fueran esparcidos por el camino hasta su tumba. Por último, les insistió en que sus manos quedaran balanceándose en el aire, fuera del ataúd, a la vista de todos.

Asombrado, uno de los generales quiso saber qué razones había detrás de tan insólitas peticiones. Y Alejandro Magno le respondió:

“Primero, quiero que los más eminentes médicos comprendan que, ante la muerte, no tienen el poder de curar. Segundo, quiero que todo el pueblo sepa que los bienes materiales conquistados, aquí permanecerán. Y tercero, quiero que todo el mundo vea que venimos con las manos vacías y que con las manos vacías nos marchamos.”


2 comentarios:

Joseluinik dijo...

Menos mal que no fui un general de Alejandro Magno, primero porque no me veo peleando con faldita, y segundo porque le hubiera dicho "¿tú te lo has pensado bien?".

Me explico, no venimos con las manos vacías, no nacemos en una burbuja criogénica, nacemos del vientre de una madre que nos cuida durante nueve meses, y eso ya es mucho. Y no nos vamos con las manos vacías, nos vamos llenos de recuerdos, de experiencias y sentimientos vividos.... eso también es mucho.
Por otro lado, lo de tirar los tesoros...con la crisis que hay ... no, en serio, me parece un gesto de prepotencia en plan ahora que me he muerto no lo quiero y por eso lo tiro; hubiera quedado mejor si los hubiera repartido entre los presentes al funeral.
Y lo de los médicos...bufff, ahí me tenéis que echar una mano porque, bueno, trabajo de médico de ordenadores, 0 sentimientos del paciente, 0 perdidas personales, 0 todo, pero siempre me queda la cosa de haber podido hacer más, por eso portarle hubiera sido como un ¡¡leches, qué torpe soy!!, pero si me gustaría saber lo que eso significaría para un médico de los de verdad.

Violeta dijo...

Los que trabajamos en Cuidados Paliativos, lo hacemos con pacientes con enfermedades en fase terminal, con un pronóstico de vida corto, y no consideramos a la muerte como un fracaso de la medicina, sino como el final lógico de una vida. La muerte y la vida son amigas íntimas, suelen ir de la mano. La medicina, por desgracia, no es una caja de Pandora, ni los médicos, como ya es sabido, magos o dioses. La gente se muere, nos morimos. Nuestro trabajo fundamentalmente consiste en ayudar al paciente a tener una buena calidad de vida hasta el final y una muerte digna, es decir, sin dolor, con síntomas controlados, y si es posible y el paciente lo desea, en su domicilio, rodeado de la gente y las cosas que quiere, intentando una buena comunicación en la que él pueda participar en la toma de decisiones y expresar sus pensamientos y sentimientos, así como el resto de los familiares implicados en su cuidado.

En el día a día, en nuestro trabajo, vivimos muchas despedidas. Guardamos aquí adentro momentos memorables que no vamos a olvidar nunca, momentos llenos de vida, que andaban de la mano con la ausencia y la muerte.
Caminamos haciendo equilibrios por el borde, por esa fina línea, ese sutil instante, que separa el ahora y el antes, conjugando los verbos en presente y en pasado casi al mismo tiempo, y lo intentamos hacer con delicadeza y respeto para que el recuerdo de ese último beso, el del adiós, quede prendado en el corazón con olor a rosas para siempre.

(Esto último es parte de un post anterior)

Ah!yo tampoco me imagino de Alejandro Magno, qué pereza!!!