Este es el blog de un equipo de Cuidados Paliativos... trabajamos "a pie de cama", en el domicilio del paciente, en su espacio más íntimo y personal.

Todos los días hay un viaje distinto, duro, sorprendente, triste, emocionante... y con un final.

¿Nos acompañas?.



sábado, 11 de julio de 2009

eL DueLo IV


FASES DEL DUELO

No hay cortes claros entre las fases. Habitualmente se superponen, pero suelen seguir un orden.

Depende de la personalidad, situación social, vivencias y duelos previos.

Existen varios autores que describen las fases o etapas del duelo, que en definitiva, vienen a ser los pasos que es necesario recorrer durante un proceso que es siempre doloroso.

El duelo normal o duelo no complicado abarca un amplio abanico de sentimientos y conductas que son normales después de la pérdida de un ser querido. La evolución hacia duelo complicado o patológico ocurre cuando estas manifestaciones se extienden en el tiempo, se cronifican, o derivan en otro tipo de patología psiquiátrica.

El proceso de duelo se describe en fases o etapas (Gómez Sancho, Parkes, Sanders) o por tareas sucesivas que la persona debe ir asumiendo (Worden, Sheldon, Neimeyer).

Los primeros momentos, el shock, la negación.

Se produce desconcierto, náuseas, temblor, alteraciones del ritmo cardiaco u otras alteraciones fisiológicas. Gráficamente, la persona puede encontrarse “como flotando en una nube”. El afecto y la sensibilidad están anestesiados, el intelecto está paralizado, inhibido y los sentidos embotados. El cuerpo pierde su armazón y se cae como un vestido cae de la percha.

Se dan sentimientos de incredulidad y rechazo: no es posible, no puede ser verdad”.

Es un fenómeno muy común y, en principio, protector, de defensa. La persona que ha sufrido una pérdida bloquea inconscientemente sus facultades de información, recepción y emisión: no envía ni recibe ningún mensaje. Se necesita un tiempo para elaborar una estrategia frente a lo imprevisto, lo impensable, lo inaceptable, para protegerse de ello.

Este estado de choque suele ser más violento en caso de muerte súbita y más moderado si la muerte era más o menos esperada.

Es frecuente, en los primeros momentos, sentir cierto alivio y alegría por el fallecido: “ya no va a sufrir más...”. Otra reacción frecuente es la de hacer reproches a quien acaba de morir: “cómo puedes hacerme esto?...”

Los primeros recursos contra el dolor son el grito y la palabra. El grito cuando puede emitirse, y las palabras que resuenan en la cabeza y que intentan armar un puente entre la realidad conocida antes de la pérdida y la realidad desconocida de hoy, “cómo puede ser la vida sin ti?”.

Esta fase suele ser de corta duración, horas o días, generalmente desde el anuncio de la muerte hasta la terminación del funeral.

“La noche que murió Paula, se descorrió algo, un velo, que me permitió vislumbrar otra realidad...Paula empezó a morir lentamente. Respiraba cada vez más despacio y yo me metí en la cama con ella y la sostuve toda la noche. A medida que fue pasando el tiempo, llegó un momento en el que la angustia y el dolor cedieron completamente. Quedó una gran paz, la sensación de que todo está bien, de que morir es como nacer.”


“Paula”. Isabel Allende