Este es el blog de un equipo de Cuidados Paliativos... trabajamos "a pie de cama", en el domicilio del paciente, en su espacio más íntimo y personal.

Todos los días hay un viaje distinto, duro, sorprendente, triste, emocionante... y con un final.

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domingo, 19 de julio de 2009

eL DueLo V


FASES DEL DUELO (cont.)

Tras la primera fase: los primeros momentos, el shock y la negación, entramos en la etapa central del duelo,

Estado depresivo del duelo, anhelo, desorganización y desesperación.

Es la fase de mayor duración. Comienza tras el choque, cuando la pérdida es realmente aceptada (o al menos en parte). Puede durar algunos meses, e incluso años en el caso de problemas en la elaboración del duelo (duelo complicado).

Se recuerda constantemente al desaparecido y los pequeños detalles de la vida cotidiana con él. Se siente intensamente el abandono, la soledad (a nivel emocional y social) y la carencia.

Se dan sentimientos intensos de tristeza y abatimiento, de pena, ansiedad, rabia, inseguridad, baja autoestima, incluso, a veces, expectativas de nuevos desastres, crisis de pánico, insomnio, trastornos en la alimentación,…

El doliente vive replegado sobre si mismo, toda su energía se concentra sobre el objeto perdido, las acciones más simples pueden suponerle un esfuerzo desproporcionado, desestima todo aquello que pueda alejarle de su preocupación. Nada le interesa, el mundo está vacío y sin atractivos. Se producen pensamientos repetitivos sobre la pérdida junto a periodos de apatía y desesperación.

Las sensaciones de gran aflicción o pena pueden ocurrir en cualquier momento, desencadenados por personas, lugares o cosas que recuerdan a la persona fallecida. A veces, es difícil comprender los momentos en los que la persona en duelo se deshace en lágrimas sin razón aparente.

“Sólo sanamos de un dolor cuando lo padecemos plenamente”.
M. Proust

En los primeros momentos se suelen producir trastornos del sueño, insomnio, agitación, miedo a dormir y tener pesadillas con la persona fallecida o, por el contrario, a la angustia que supone el despertar tras un sueño gratificante en el que se le vio vivo, como era antes.

Suele recurrirse a la toma de ansiolíticos e inductores del sueño para poder afrontar la noche, la oscuridad, la soledad y el silencio.

Hay que tener en cuenta si algún familiar está en tratamiento, vigilar que no lo abandone tras el fallecimiento de su ser querido. Especial cuidado con los diabéticos en tratamiento con insulina o antidiabéticos orales, ya que no comen como deberían.

A medida que pasa el tiempo, en el curso normal de las cosas, la pena y la desesperación tienden a disminuir en frecuencia y en intensidad (aunque pueden reagudizarse por momentos), y la persona en duelo va retomando las ganas de vivir, de establecer nuevos lazos y de descubrir nuevas ilusiones. Sin embargo, la sensación de haber perdido parte de uno mismo nunca desaparece del todo.

“Y la pena se sigue sintiendo como miedo. Aunque tal vez fuera más exacto decir que como un “suspense”. O como una expectativa, eso es. Es como estar colgado a la espera de algo que va a pasar. Eso confiere a la vida una sensación permanente de provisionalidad. Parece como si no valiera la pena empezar nada. No soy capaz de encontrar asiento, ando azogado y nervioso, bostezo, fumo muchísimo. Antes nunca llegaba a tiempo para nada. Ahora no hay nada más que tiempo. Tiempo en estado casi puro, una vacia continuidad.”

C.S. Lewis