Este es el blog de un equipo de Cuidados Paliativos... trabajamos "a pie de cama", en el domicilio del paciente, en su espacio más íntimo y personal.

Todos los días hay un viaje distinto, duro, sorprendente, triste, emocionante... y con un final.

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miércoles, 22 de julio de 2009



Basada en la obra Elegía a Iris escrita por su marido, el crítico literario John Bayley, la película no transcurre linealmente en el tiempo desde el estado de salud a la muerte, sino que alterna las escenas de las relaciones del matrimonio en su juventud y en los últimos años de vida de la escitora Iris Murdoch, afectada por el Alzheimer.





La película se centra más en mostrarnos los sentimientos de amor que unieron a estas dos personas tan diferentes a lo largo de 40 años que en describirnos los estragos de una enfermedad degenerativa.




Iris Murdoch era intelectualmente muy brillante, creativa, vital, sin prejuicios, ansiosa de disfrutar “todo lo bueno”. Bayley aparece como un ser deslumbrado por esas cualidades, desgarbado y desmañado, inexperto, pero a la vez sufre la libertad con la que Iris Murdoch compartía su relación con otras personas.




Cuando el Alzheimer comienza a hacer su aparición, se muestra el terror de una persona que ha hecho de las palabras y de la mente no sólo su medio de trabajo sino su forma de expresarse y en torno a las cuales gira toda su vida.




La película no escarba en todas las situaciones de desamparo, deterioro, sufrimiento y humillación que genera el Alzheimer en los pacientes y en sus familias, pero hay algunas escenas que sugieren, más que mostrar con crudeza, situaciones conocidas por todos: episodios de fuga del hogar, vagabundeo y extravío del enfermo; fases de agresividad, negativismo o descontrol emocional; explosiones de impotencia y desesperación del cuidador; desorden, suciedad y abandono de las tareas del hogar; las mismas preguntas o frases repetidas cien veces: “¿Cuándo nos vamos?, ¿Cuándo nos vamos?, ¿Cuándo nos vamos?”,...




Las escenas médicas son anecdóticas. Hay dos visitas a domicilio de un jovencísimo y aparentemente desbordado médico general. En la primera visita, a raíz de los primeros síntomas, sugiere una vista al especialista. En la segunda, expresa la inevitabilidad del anunciado ingreso en una residencia asistida de ancianos.




Hay otras dos visitas al neurólogo: tras pasarle unos tests para valorar el deterioro cognitivo anuncia que el mal es “inexorable “. Los restos de lucidez de Iris lo traducen con acierto: “Ha dicho que es inevitable ¿no?”. En otra visita, que muestra un enorme “vacío” entre la corteza cerebral y la pared craneal en la imagen del TAC, el especialista vuelve a mostrase implacable en su intención de que el esperanzado marido entienda que el deterioro severo anunciado “se presentará” sin remedio.




Con esta película cerramos por unas semanas esta "sección" CINE.
Pero amenazamos con volver...