Este es el blog de un equipo de Cuidados Paliativos... trabajamos "a pie de cama", en el domicilio del paciente, en su espacio más íntimo y personal.

Todos los días hay un viaje distinto, duro, sorprendente, triste, emocionante... y con un final.

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sábado, 1 de agosto de 2009

Sé que este acontecimiento, esta trágica historia que va a formar parte de mi vida para siempre, va a ir moldeándose, va a cambiar con el tiempo, y tengo miedo de no encontrar las palabras adecuadas dentro de un mes, de seis o de dos años para poder transmitir los sentimientos primeros.

Estos sentimientos primeros siempre serán los mismos en el fondo, pero no en la forma. La forma variará (así lo espero y deseo) debido a la erosión del tiempo, un tiempo que bien utilizado hará que entre dentro de mí un poquito más de oxigeno para poder respirar, que no me moleste el canto del mirlo que cada madrugada me despierta, que lo pueda paralizar todo para poderme parar a pensar en Hugo sin que me duela tanto.

Es tal la tormenta interior que estoy viviendo, que se están viendo afectadas cuestiones importantes de mi vida: los valores, las prioridades, los principios, la fe,...

Hay muchas preguntas en nuestra vida que no nos planteamos en serio, simplemente dan vueltas, revolotean a nuestro alrededor. Únicamente afloran en nosotros con toda su fuerza cuando nos sacude una adversidad que hace que todo se tambalee.

Un antiguo proverbio chino dice que “todas las crisis tiene dos elementos: peligro y oportunidad”.

Además de la necesidad de sobrevivir, tengo la curiosidad de saber si todo volverá a su curso, de qué modo, si se perderán cosas en el camino, si se encontrarán otras,...Será bueno algún día comparar y valorar lo que estoy viviendo ahora con lo que estaré viviendo entonces.No conozco ningún otro camino para poder vivir dignamente sin Hugo, que no sea buscar paz, equilibrio y serenidad.

Quiero lograr que este estremecimiento que siento cuando despierto cada mañana, que la sacudida que desmorona todo lo logrado el día anterior, que ese dolor físico y real que noto en mi corazón, que la pena que me ahoga, que las lágrimas que me nublan la visión del hoy pero también del ayer, quiero lograr que todo eso se convierta en una nueva forma de vida basada en los cimientos de un recuerdo de Hugo sereno y equilibrado.

Busco una serenidad interior que me permita “sobrevivir”, porque yo sé que vivir ya no va a ser posible. Pero tampoco quiero entenderlo como un “sinvivir” o un “malvivir” (aquí empezaría el desequilibrio). Dejémoslo en un “vivir diferente”.

Cuando la salud no es buena, procuramos poner los medios para lograr un bienestar. Por lo tanto también habremos de poner los medios para lograr un bienestar psíquico: controlar las emociones, los pensamientos, los sentimientos, canalizarlos y transformarlos, y aprender a vivir con aquellos que no logremos domesticar.

Haber encontrado esta forma de expresar las vivencias internas y externas que he vivido desde que murió Hugo, me ha ayudado en algún momento a aliviar un poco el dolor. Es bueno escribir aunque nadie lo lea, o incluso aunque a veces se lea lo que no quieres. Ayuda a organizar el pensamiento y a ver con mayor claridad todo lo que nos rodea.

La palabra escrita tiene poder, cura algún dolor, consolida algún sueño, deshace otros y lleva y trae esperanza.


Del libro: Amarga lluvia
M.J.Brito


“Ahora sé que la muerte no es morirme,
sino que se muera alguien querido.”
M. Marti