Este es el blog de un equipo de Cuidados Paliativos... trabajamos "a pie de cama", en el domicilio del paciente, en su espacio más íntimo y personal.

Todos los días hay un viaje distinto, duro, sorprendente, triste, emocionante... y con un final.

¿Nos acompañas?.



martes, 16 de julio de 2019

oTRa VeZ eL TieMPo...



Entramos en un piso “patera”, también sus habitantes lo llaman así. En él viven 4 o 5 personas, no conseguimos averiguar si algunos de ellos son familia. La mayoría chapurrean el español, pero M, la persona que está enferma no habla nuestro idioma, por suerte tenemos intérprete.

Todos son de Senegal y algunos de ellos nos miran con unos ojos grandes en los que la vida fluye sin condicionales, o sea, ya. Llegaron a nuestro país hace unos años, la vida aquí también es dura, pero es.

M tiene 50 años y padece un cáncer de pulmón en estadio IV. Al pedirle el informe de su último ingreso comienza a sacar bolsas de tela con papeles y otros enseres, en fin, su vida en cuatro bolsas y un monedero dorado que guarda debajo de la almohada. Revuelve todo y busca sin saber a ciencia cierta, me imagino, si somos de fiar. Al poco rato ya se lo cree, empieza a confiar y su cuerpo se relaja, se inclina hacia adelante y se deja tocar sin recelo.

Su compañero de piso A, familia o no, le traduce lo que preguntamos y nos devuelve las respuestas cortas y concisas, precisas y normalmente acompañadas por una sonrisa. Va a ser complicado manejar el tratamiento, queremos iniciar morfina.

En eso estamos cuando se me rompe la tira de la sandalia que sujeta el talón. Vaya faena! pienso. A se da cuenta al instante y se ofrece a coserla. Saca un hilo fuerte y sentado en el suelo comienza la tarea. Al poco rato me la devuelve, casi mejor que nueva. Me la pongo y me siento como Cenicienta en una pequeña habitación a la que le haría falta un buen repaso.

Total, que iniciamos el tratamiento con dosis bajas de morfina, pautamos las justas hasta la siguiente visita, dejándonos la piel en intentar que entiendan su manejo y su utilidad.

Confiamos en ellos. Dentro de pocos días sabremos si hemos hecho bien. Yo creo que sí, aunque el médico de primaria no lo tiene tan claro. Ya veremos...

Cuando ya nos estamos yendo M murmura algo en voz baja. A. nos traduce: “Sólo espero que lo que haya después sea mejor que esto”.

El día que volvemos, M tiene menos disnea y nos recibe tranquilo, incluso ayer salió un ratito a la calle. Observamos un buen cumplimiento terapéutico.

Muchas veces es sólo cuestión de TIEMPO. Un poco más de tiempo para escuchar y dedicar a los pacientes y cuidadores.



viernes, 12 de julio de 2019

CuáNTo MáS?...



Mario es albañil. Construyó la casa en la que han vivido desde siempre con sus tres hijas. Tiene un carácter amable, tolerante, sabe escuchar y ha sido buen conversador. Quizás por eso no deja de entrar y salir gente durante la visita. Su esposa que ha sido más dura y más fría según nos cuentan sus hijas, ahora de deshace en llanto sentada en el sofá. ”Estoy enfadada con los de arriba, con el jefe. Estoy enfadada con Dios. Qué le hemos hecho?.”

Se jubiló un día de febrero, el mismo en que le dieron la noticia de que un tumor se había hecho fuerte en su cerebro. “Contaba los días que le quedaban para jubilarse. Desde dos años antes iba restando días. Con humor nos iba diciendo el tiempo que quedaba…. doscientos cuarenta y siete días, ochenta y un días…. eso sin contar los festivos!”.

Hablamos bajito en el salón, continuamente miran hacia el fondo del pasillo. Mario ya no se levanta de la cama. Tiene episodios de desorientación, aunque aún reconoce a su familia y puede mantener una conversación sencilla. Siempre quiere estar acompañado y por las noches está inquieto, tiene miedo.

“El oncólogo se lo dijo muy deprisa, de golpe. A pesar de ello siempre ha tenido esperanza. Las estadísticas se hacen para romperlas, decía. Por eso, no creo que sepa lo enfermo que está.”

Un familiar sale de su habitación y nos dice que él ha pedido hablar con la doctora. Se acerca mi compañera, pero al poco sale… él quiere hablar con la doctora.

Entro, entorno la puerta y me siento en la cama a su lado. Nos miramos largamente, acerco mi mano a la suya. Nos acariciamos en silencio. Noto que no quiere que me acerque demasiado, necesita su espacio para decirme lo que me va a decir.

“... Cuánto me queda?”