Este es el blog de un equipo de Cuidados Paliativos... trabajamos "a pie de cama", en el domicilio del paciente, en su espacio más íntimo y personal.

Todos los días hay un viaje distinto, duro, sorprendente, triste, emocionante... y con un final.

¿Nos acompañas?.



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jueves, 20 de enero de 2022

DeNTRo De...



Mercedes cierra los ojos cuando entramos en su casa. El sufrimiento se refleja en su gesto, en sus manos, en su postura,… en ella entera.

A sus 52 años, y desde hace 2, un tumor cerebral se ha hecho fuerte en su interior. Un intruso la ha conquistado y a cañonazos ha destruido sus sueños y sus opciones de futuro. Ya está casi aniquilada. “Ayudadme, por favor,… sacarme de esta mierda en la que me he metido”.

Y mientras estamos con ella, casi en ella, me viene a la cabeza una canción de Antonio Vega.

 

Donde nos llevó la imaginación,

donde con los ojos cerrados

se divisan infinitos campos.

Donde se creó la primera luz

germinó la semilla de cielo azul,

volveré a ese lugar donde nací.

De sol, espiga y deseo

son sus manos en mi pelo.

De nieve, huracán y abismos

el sitio de mi recreo.

Viento que en su murmullo parece hablar

mueve el mundo con gracia le ves bailar

y con él, el escenario de mi hogar.

Mar, bandeja de plata, mar infernal

es un temperamento natural.

Poco o nada cuesta ser uno más.

Silencio, brisa y cordura

dan aliento a mi locura.

Hay nieve, hay fuego, hay deseo

ahí donde me recreo.

 


lunes, 6 de diciembre de 2021

CoNTiNuaMoS aPReNDieNDo...


“Escucha, … escucha el silencio que hay cuando cae la nieve.” Alfredo perdió a su mujer hace unos meses, la cuidó mientras el olvido la envolvía de tal forma que ya no sabía quién le decía “Buenos días” cada mañana. Aquel túnel negro sin salida le hizo silencioso y le aisló del mundo, del otro mundo.

Cuando hacía bueno salían al patio de su casa, ella caminaba con dificultad pero aun así se acercaba a la nave donde estaba el viejo tractor, ese tractor rojo que les dio la vida y alimentó a toda la familia durante años, y lo tocaba como acariciándolo. Alfredo la dejaba unos minutos y ella, apoyada en la rueda, le hablaba bajito susurrando palabras que sólo ella entendía y, probablemente, el tractor también. Al cabo de un ratito lo besaba y daba media vuelta. Alfredo siempre supo que se estaba despidiendo de él.

Otro día y a unos cuántos kilómetros, Elisa nos hizo un regalo. Su esposo de 93 años está encamado y padece una enfermedad en fase terminal. Ella, que ha sido profesora de lengua, está sentada en un sillón viendo películas del oeste en la tele. También los recuerdos fueron resbalando de su mente hasta ese precipicio que, al final, se los tragó como un gran agujero negro.

Tienen trece hijos, desperdigados por el mundo, y su casa es enorme. Cuando ya nos vamos la hija le pregunta a su madre si quiere cantarnos algo “para agradecer a estas chicas que hayan venido a vernos…”. Su madre se levanta contenta y juntas, a dúo, nos interpretan una canción inolvidable, que se quedará en los archivos de nuestra memoria mientras dure.

Pedro tiene apenas 60 años. Le gustan las motos y ha viajado por casi toda Europa con una Honda enorme. Hace 5 años le diagnosticaron un cáncer y empezó el tratamiento de quimioterapia. En algunas ocasiones éste coincidía con algún viaje, “… y el oncólogo me retrasaba la quimio. Me dejaba vivir, qué gran persona! Cuándo volvía, yo creo que el gotero me sentaba mejor…”.  Tiene un dolor que le ha obligado durante semanas a quedarse en la cama y que con un infusor de morfina hemos controlado bastante bien, ya se levanta e incluso baja a darse una vuelta del brazo de su hijo. Desde el principio ha asumido la enfermedad y el final no lejano. Su hijo dice que su padre siempre ha afrontado los problemas de cara, intentando buscarle a la realidad los rincones donde se esconde la sonrisa y, si se encuentra, el humor. Nos dice: “Vaya, este año que me voy, seguro que nos toca la lotería de Navidad!”. A lo que su hijo responde: “No papá, este año… tampoco nos tocará la lotería!”. Se ríen suavecito, nos reímos todos… suavecito.

La vida: sabiduría, aprender a lidiar, ser junco, amar, saber dejar, saber estar, reír, llorar si toca, callar, escuchar,... Seguir caminando mientras podamos.


domingo, 29 de marzo de 2020

eN TieMPoS DiFíCiLeS...



Laura y Mario viven desde hace días en una burbuja. Son gente muy sociable, tienen una mesa grande en la cocina donde a menudo se juntaban con amigos para comer, sus hijos iban y venían y sus nietos correteaban por la casa mientras ella cocinaba para todos.

A Mario le diagnosticaron hace unos 6 meses un hepatocarcinoma en estadio avanzado que precisa de paracentesis evacuadoras cada poco tiempo, para eliminar el líquido que se acumula en su abdomen y que le produce fatiga y un gran malestar.

Hasta hace 3 semanas se lo hacían en el hospital, pero le dijeron que no acudieran más porque era un riesgo para él.  Por si esto no fuera suficiente, su esposa es positiva a Covid-19, contagiada por su hermano con el que solía ir a desayunar a una cafetería del barrio. Ahora él está ingresado en estado grave. Ella apenas presenta síntomas, “sólo estoy  cansada y he perdido el olfato, pero no tengo fiebre. Me han dicho que me quede en casa con él, claro. Pero nos sentimos abandonados…”, nos decía llorando por teléfono.

Habló con su médico de cabecera, que no suele hacer estos procedimientos en el domicilio, y nos llamó a nosotras. Hablamos con su oncóloga y decidimos alargar la paracentesis todo lo que se pudiera… hasta que no se pudo más.

Así que allí fuimos, mi enfermera y yo (que estamos siempre de acuerdo en lo importante), con toda la protección necesaria. Laura no salió de la cocina en todo el proceso, protegida con su mascarilla ffp2. Nosotras en el dormitorio con Mario. Durante el tiempo que estuvimos con él, porque lleva su tiempo, hablamos de su familia, de su noviazgo, de sus padres, de su trabajo, de su enfermedad,… en algunos momentos lloraba de risa, en otros de desesperanza y en otros de agradecimiento.

Al irnos, Laura nos despidió temblorosa desde la nevera.

Sabemos que la enfermedad existe, que el riego nos acecha. Por eso nos protegemos bien, seguimos todas las indicaciones que nos da el hospital. No sé si caeremos, pero el tiempo del mientras, estaremos, nos intentaremos sentir bien y dar lo mejor.




domingo, 16 de diciembre de 2018

27:59...


Intento “Tener la cabeza donde tengo los pies”. Lo he leído por ahí y de verdad que lo intento.

Lola ha muerto y me ha tocado. Ha fallecido a los 6 días de conocerla y a los 23 de un diagnóstico que le puso de repente la vida al revés. Ha fallecido cuando, como decía su marido, “Aún no sabemos por dónde nos vienen las hostias”.

De la rabia y la incredulidad del inicio pasó a una dolorosa aceptación, que no resignación, las preguntas iban y venían de su mente… sin respuesta. 

Poco a poco la fue envolviendo una desidia, un desinterés y una calma que la llevaron en volandas, día a día, hacia el desapego que precede al final del viaje.

Llegó un momento en que ya no habló más, cerró los ojos, cesó el dolor y aumentó la inquietud. Todavía quedaba mucho por vivir, aún no era el momento.

Sin despedirse, sin apenas medicación, suavemente se deslizó, se fue en medio de una luz tenue y rodeada de los suyos. Acabábamos de irnos. 

Mientras paseo veo a lo lejos un reloj que marca las 27: 59… y pienso, “Ufff, menos mal!!”.



domingo, 14 de octubre de 2018

uN Día... ToDoS LoS DíaS.

Ayer día 13 de octubre fue el día mundial de los Cuidados Paliativos. Un día en el que se hicieron un poco más visibles. 

Gracias a todos por creer en los Cuidados Paliativos,... cada día.




domingo, 22 de julio de 2018

oTRo CuMPLeaÑoS...


Ayer hubiera sido tu cumpleaños.

Pensando solo en ti miré al cielo y las estrellas me devolvieron la mirada. Brindé por ti con una caña en la mano, esa caña que muchas veces compartíamos cuando estábamos juntas. De un bar me llegaron los acordes de una canción… la música… un sentir que compartíamos a menudo, teníamos gustos muy parecidos.

De repente estábamos en tu casa, sentadas en el sofá, hablando de qué sé yo y sonaba esta canción. Empezamos a cantarla, primero bajito y después gritando hasta desgallitarnos. Entonces apareció la gata y se subió primero al sofá y luego, como enloquecida por el tumulto, subió a la mesa para terminar estampándose contra la lámpara. Menos mal que aún le quedaban vidas… dijiste.

Marta, siempre Marta.




sábado, 30 de junio de 2018

MáS SeNTiDo CoMúN...


Tiene que ser muy difícil tomar la decisión de meter tu vida en una maleta y mudarte a la que será tu última morada, tu final de viaje. Tu última decisión razonable. Sabiendo que después ya no hay más etapas, se acaban los proyectos de vida, que ya no quedan más sueños,… quizás la esperanza de vivir feliz lo que queda.

Y qué te llevas? Qué quieres que vaya contigo hasta el final? Quién quieres que te acompañe en este viaje?

Hace años, cuando falleció tu esposa y tus hijos ya llevaban años volando por su cuenta, alguien te dijo que adoptaras un perro. Precisamente a ti, que adoras a los animales porque hace tiempo que piensas que son mejores que la mayoría de las personas. Además, te dijo, te hará compañía, te obligará a salir a pasear, conocerás gente. Al final decidiste que sí, que querer y que te quieran sigue siendo la mejor opción… y Truco llegó a tu vida. Os hicisteis amigos pronto, hasta haceros inseparables con el paso de los meses. Te enseñó otra forma de disfrutar de la vida, lo fácil que es vivir el instante y ser feliz. 

Era él a quien querías como compañero de final de viaje.

Pero, claro, en las residencias al uso NO admiten animales. Por qué? Porque contagian enfermedades… no si están bien vacunados y con revisiones periódicas. Eso tú ya lo hacías. Porque molestan a los demás residentes… a quién puede molestar un perro bien educado, que estimula las emociones de las personas con deterioro cognitivo, a veces por el simple hecho de acariciarlo,… si solo verlo ya proporciona bienestar, algo que muchas personas ni eso. Ladran, pero generalmente poco si están bien adiestrados y… qué alegría!, en lugar del soniquete de la tele encendida a todas horas o ese residente que protesta por todo. Les gusta correr, revolcarse en la hierba… qué felicidad! Claro necesitamos un jardín, también los residentes lo necesitas para tomar el aire y pasear. Puede dormir contigo o en una caseta fuera, fíjate qué fácil.

Eso pensabas… Pues si, esas residencias con sentido común, en las que no tienes que separarte de tu compañero animal, sea perro, gato o periquito, existen. Son las menos pero ójala con el tiempo la sociedad se dé cuenta de lo importantes que pueden llegar a ser para alguien como tú, que cada vez hay más.

Para que esos alguienes no tengan que renunciar a todo. Porque renunciar a casi todo es muy duro, pero absolutamente a todo… no quiero ni pensarlo.



En el pasado hemos compartido historias sobre residencias en otros países donde son bienvenidos los perros y hoy os hablamos de un lugar muy especial. Residencia Barcelona se inauguró el 1 de noviembre de 1993. Somos una residencia privada, pero podemos tramitar PEVS (prestaciones económicas vinculadas al servicio).

¡¡¡Desde el primer día todas las mascotas son bienvenidas al centro, tanto en modo ‘visita’ como en modo ‘alojamiento’!!!

Las dueñas de la residencia son 2 hermanas: Inés y Feli Manero.

La decisión de admitir mascotas se tomó de la manera más natural posible, pensando en que los residentes que viven con sus mascotas no tengan que separarse de ellas por el hecho de venir a vivir a una residencia.

Inés, que trabaja en la residencia, siempre ha venido acompañada de sus perros. Y su marido, Juan, es veterinario, por lo que tenemos el veterinario en casa :-)

Es un centro de régimen abierto, esto significa que tanto residentes como familiares pueden entrar y salir libremente, por lo que no solemos tener personas con deterioro cognitivo severo. Una gran mayoría de residentes son autónomos o necesitan tan solo supervisión. También tenemos plazas para residentes asistidos, porque por ley de vida todos vamos aumentando la dependencia. Para nosotros es muy importante la seguridad, pero la LIBERTAD lo es aún más.

Cuando desde AADA nos dijeron que éramos 1 de las únicas 3 residencias de España que admitimos mascotas nos dimos cuenta de que éramos especiales y aumentamos la publicidad en este sentido.

Por aquí han pasado: perros, gatos, pájaros, y hasta hace poco hemos tenido peces y tortugas en un estanque.

Una residente es la que se hacía cargo de dar de comer a los peces e ir vigilando el estado del agua. 

¿Hay que cumplir algún requisito (perrunamente hablando) para poder ingresar en vuestra residencia con un can?

Los requisitos que pedimos para poder acogerlos es que el residente viva en una habitación individual, aconsejable con terraza.

Tienen que tener las vacunas al día y el chip. Inspección (tanto de Bienestar Social como de Sanidad) no nos han puesto nunca ningún impedimento.

Solamente tienen prohibido el acceso a la cocina, pero tampoco dejamos que entren en el comedor. Las inspectoras suelen entrar en la habitación donde hay animales para comprobar la higiene. También nos piden la documentación. Los residentes tienen que hacerse cargo del animal, de sus cuidados en general: alimentación, higiene, salidas… Por lo que una persona con alta dependencia no podrá traerlo a no ser que asigne a un cuidador externo todas estas tareas.

No se cobra ningún suplemento por mascota. Si la persona mayor está indispuesta, la familia se hace cargo del animal, y si no es posible ya miramos entre el personal de cuidarlo en todo lo que está en nuestras manos, nos organizamos (peleamos a veces) para atenderlo y sacarlo a pasear, siempre y cuando la cosa no se alargue muuuucho. Incluso hasta otros residentes (más jóvenes y autónomos) se han ofrecido y han sacado a los perros a pasear.

Les ayudamos a administrar las dosis de comida en caso de que no se aclaren con las raciones.

Los perros se suelen adaptar muy bien, ya que ellos están bien donde estén sus amitos. Normalmente estos perros suelen ser ya mayores también y no necesitan mucha actividad.
 
Para la adaptación de los gatos, que son más territoriales, aconsejamos que se pongan un enchufe de ‘feromonas’. 

Los residentes sacan a los perros a pasear por la calle o por el jardín de la residencia. Tenemos muchas terrazas y jardines. Dan mucha alegría a todo aquel que ha tenido perros o que le encantan los animales. Muy pocas veces nos hemos encontrado con alguien que haga mala cara por ver un perro por aquí, al contrario, siempre unen y dan alegría.

Si alguna profesional que tiene que entrar a la habitación no le gustan los animales o tiene alergia al pelo le hacemos un cambio. Cuando hacemos las entrevistas de trabajo siempre preguntamos si les gustan los animales, y no sé si está bien decirlo, pero nos ayuda a tomar una decisión para escoger al candidato :-).

¿Qué beneficios observáis vosotros en las personas mayores que tienen a su lado a su perro o a su gato?

Los beneficios de que vengan las personas mayores con sus mascotas son innumerables: favorecen la sociabilización y  la adaptación, les ayudan a relacionarse, les obligan a seguir con sus responsabilidades y sintiéndose útiles, les hacen compañía, y evitamos el trauma que supondría la separación para los dos, entre otros muchos beneficios.

Muchos de los residentes que ingresan en la residencia lo hacen porque han sufrido una pérdida: su marido, una hija, la salud, la autonomía…. Por lo menos que pueda seguir con su perro. Los que los tenemos no podemos entenderlo de otra manera.


¿Organizáis actividades específicas para los residentes con perro?

No hacemos ninguna actividad con los peludos. La cotidianidad, el día a día, la convivencia, los paseos, las caricias,… son nuestras actividades con los perros. Poder seguir viviendo con ellos como en casa, esa es la mejor terapia.

Nuka, mi peluda, viene algunos días al trabajo conmigo, se pasea por las salas saludando a todo el mundo, se va al jardín a buscar piñas, se queda dormidita al lado de mi mesa en el despacho… Es todo un  placer no solo vivir sino trabajar aquí.

Cuando nosotras seamos viejitas deberán existir más residencias como nosotros, ¡¡sino aquí no cabremos!!!






jueves, 28 de junio de 2018

Sí a LoS CuiDaDoS PaLiaTiVoS....



«Matar a los que sufren no es progresista»

Marcos Gómez Sancho, pionero en cuidados al final de la vida, asegura que es «irresponsable» regular la eutanasia en España sin resolver los cuidados paliativos y la dependencia.

Marcos Gómez Sancho era anestesista hasta que una cirugía complicada de columna le postró en una cama durante meses. El médico pasó a ser un paciente crónico que entendió en carne propia lo que es sentir un dolor imposible de dominar. La experiencia le cambió la vida. Abandonó la anestesiología, se convirtió en un pionero de los cuidados paliativos en España y hoy no hay voz más autorizada que la suya para hablar de tratamientos al final de la vida. A este experto, la urgencia del Gobierno socialista por tramitar una ley de eutanasia no le gusta. «Es una irresponsabilidad política regularla antes que los cuidados paliativos», afirma.

¿Es urgente regular la eutanasia?
No, lo urgente y prioritario es atender a los 75.000 enfermos que en España están pasando por un sufrimiento intenso que sería evitable si tuvieran acceso a una unidad de cuidados paliativos. Es una irresponsabilidad política regular la eutanasia antes de tener resuelta esta atención o las ayudas a los dependientes. Es escandaloso que cada día mueran cien enfermos esperando ayudas a la dependencia. Si todo esto no se resuelve antes y se aprueba la eutanasia, los más frágiles e indefensos se sentirán coaccionados.

¿Coaccionados para pedir la eutanasia?
La Asociación Española contra el Cáncer estima que hay 30.000 enfermos con cáncer con más de 65 años que viven solos. Son mayores y frágiles. Su mejor opción puede ser morir.

La propuesta de ley socialista prevé una eutanasia gratuita y universal. ¿Le gusta el planteamiento?
Me preocupan dos cosas: que se piense que ésta sea una ley avanzada y progresista y que no tenga una partida presupuestaria asociada. Matar a los que sufren nunca puede ser progresista; lo reaccionario es acabar con los enfermos indefensos y lo progresista es cuidarlos. Dicen también, como gran virtud, que la ley no tiene un coste y yo lo veo como una amenaza. Más aún cuando hay una inquietud generalizada para pagar las pensiones y mantener la Sanidad. Esto me da miedo.

Puede haber personas que pese a tener cuidados paliativos no quieran seguir viviendo y prolongar su agonía. ¿No deberían tener garantizada esta opción?
Cuando lleguemos a ese momento y los cuidados paliativos estén garantizados en nuestro país, estoy convencido de que serán casos muy residuales. Confío en que la sociedad se movilice como cuando ahora ve a alguien que está a punto de tirarse por una ventana y llama a los bomberos, a la policía...

En España, ¿se muere aún con dolor?
Sí, rotundamente sí. Hay muchos enfermos que mueren con dolor y otros síntomas insoportables; desde asfixia a vómitos incontrolables. En esos casos lo único que se puede hacer es disminuir la consciencia con una sedación paliativa. Pero nadie tiene que morir para evitar este sufrimiento. Hay fórmulas para aliviarlo. El problema es que esta atención no llega al 50 por ciento de las personas que los necesitan.

Se suele poner el ejemplo de los enfermos con ELA
Sí es frecuente. Yo puedo decir que he tratado a enfermos de ELA y ninguno ha pedido acortar su vida si ha estado bien cuidado. Lo que me duele es que haya enfermos que pidan un suicidio preventivo porque no piensan que no van a poder hacerlo cuando la enfermedad esté más avanzada. No tienen que tener miedo. Un equipo debe acompañarles y pactar antes con ellos cómo reaccionar cuando el ELA siga avanzando.


¿Y cómo se combate el sufrimiento psicológico?
En las unidades de cuidados paliativos hay también psicólogos entrenados y este dolor se puede controlar. Pero si se llega a lo que definimos como «sufrimiento existencial al final de la vida», la sedación paliativa también es una opción. Esto ya lo prevén las leyes de muerte digna que se han aprobado en algunas comunidades autónomas.

¿La eutanasia está en contra de la ética médica?
Matar está prohibido en el código deontológico desde Hipócrates. La defensa de la vida está enraizada en la profesión médica. Un médico gestionando la muerte por orden del Estado es una vergüenza, como ocurrió en la Alemania nazi o cuando hubo doctores aplicando la inyección letal en Estados Unidos.

¿En qué comunidades se muere mejor en España?
Los cuidados paliativos no están desarrollados por igual. Es otra terrible desigualdad. Madrid y Cataluña son las mejores, pero hay diferencias entre las ciudades y el entorno rural. También las hay por edad. No es lo mismo ser un enfermo terminal con 40 años que con 8. Los cuidados infantiles al final de la vida son aún la gran asignatura pendiente.

¿Es un problema de costes?
No, es un problema de sensibilidad. Atender mal a los enfermos terminales en hospitales es más costoso que invertir en una buena red de atención domiciliaria por personas expertas en cuidados paliativos.

Dr. Marcos Gómez Sancho. ABC




miércoles, 6 de junio de 2018

HoMeNaJe a La ViDa...


La narración de un tuitero sobre la muerte de su madre que es un auténtico homenaje a la vida y al humor.

“Hoy hace una semana que se murió mi madre”. Es el comienzo de un hilo publicado por el tuitero “Súbete a la nutria” en el que relata el fallecimiento de su madre por un cáncer, y que muestra cómo la risa y el humor pueden hacer mucho mejor la vida y también la muerte.

Un relato que en las redes han calificado como un “Homenaje a la vida y a la risa” que ha conmovido a miles de lectores.

Súbete a la nutria. @subetealanutria

Hoy hace una semana que se murió mi madre. Murió de cáncer y sabiendo con bastante precisión cuándo iba a morir.

Durante estos días durísimos, hemos dicho muchas tonterías y ahí van algunas de ellas:

Mi primo vino a visitarla e hizo el chiste de «Rick y Morty» de pedirle a alguien que cerrará la puerta diciendo «cierra, que se va el cáncer».

Nos perdimos una reunión familiar porque tuvimos que ir a urgencias. Nos mandaron un vídeo con un paneo de todo el mundo cantando el Cumpleaños feliz al cumpleañero. Mi madre y yo grabamos otro vídeo: paneo del box de urgencias, sin sonido, terminando en ella con la lengua fuera.

En una revisión oncológica le dijeron que no iban a poder darle quimio esa semana, porque tenía los bronquios muy mal. «No tengo los bronquios para farolillos», me dijo.

Durante el último mes estuvo sufriendo crisis de ahogos. La primera le dio por reírse de un chiste (ni siquiera chiste!) de Gomaespuma: «puso pies en Pontevedra» (en vez de «en polvorosa»).

Después comentamos con ella que fue una lástima no haberse muerto ahí, con un chiste de Gomaespuma.

Una cosa que le ayudaba bastante era sentir aire en la cara y su hermana le trajo de las fiestas de Villalar un abanico con la bandera republicana que, por lo que fuera, abanicaba mejor que otro más neutro que había por casa…

El día de ese primer ahogo, vinieron los de urgencias y, cuando todo se calmó, estuvimos comentando lo mal que funcionaba la empresa que traía a casa las bombonas de oxígeno: Oxigen Salud.

Mi madre, tirada, tras una crisis horrorosa, casi sin voz y abanicándose con el abanico republicano sacó fuerzas de no sé muy dónde y dijo: SI ES QUE NO SÉ CÓMO ESTOS SERVICIOS ESTÁN EXTERNALIZADOS!

En el momento no se dio cuenta de la situación y la pinta que tenía, pero luego lo comentamos y se partía el culo.

El primer día que vinieron a casa los de cuidados paliativos empezamos a llamarlos «los de apelativos» e imaginábamos que iban casa por casa llamando a los enfermos «eh, caratonto!» y cosas así.

Ese día los de paliativos le tomaron la tensión y, como siempre, la tenía baja.
—La tienes un poco bajita —le dijeron.
—Es un seguro de vida, ¿no? —contestó.
El chiste tardó en calar. ¡Es que estamos todos tan acostumbrados a esa coletilla!

Ella quería un final laico. No tanto porque fuese atea (que también), sino porque no quería que oficiara la misa alguien que no la conociera y la juntara con los otros finados del día.
—No quiero que me toque un cuarto de diácono —nos dijo.

Así que estuvimos mi hermana y yo pensando barbaridades y obscenidades que hacer en lugar de la misa. Una de las ideas que más le gustaba a mamá era decir solamente «En el portal de Belén, Amén» e irnos todos.

Aunque como era justo antes de la incineración y su familia es Valenciana, también queríamos decir «Senyor pirotecnic, pot començar la mascletà!».

No tuvimos los huevos de decir nada de eso.

Aunque yo sí que dije:
—Según los deseos de mi madre, he escrito unas palabras: rododendro, arcabuz, conspicuo, alfoz y prístinas.

Y mi hermana hizo referencias a «Amanece que no es poco» y a los trastabilleos verbales de Rajoy.

Mi padre no estaba muy convencido de eso:
—Es traer a Rajoy a un sitio en el que no me gusta que esté.

A lo que mi hermana le dijo que:
—Es reírse de Rajoy como mamá se ha reído siempre.

Por cierto, que mi padre también tuvo cáncer (menudo historial majo me queda) y nos dio permiso para:
1. Hacer chistes sobre su cáncer.
2. Ofendernos si alguien hacía chistes sobre cáncer diciendo: «eh, no hagas chistes sobre el cáncer, que mi padre murió riéndose de uno».

Y ahora unos datos vacíos para reflexionar acerca de la futilidad de la existencia:
Mi madre murió sin ver irse a Rajoy y me da rabia, mira. Podría haberse ido en paz no, lo siguiente.
Puse a copiar 3,5 TB de datos de un disco duro a otro. Puso «Quedan 73 horas». Mi madre murió antes de que pasaran esas 73 horas.

Y ya no sé si contar más o no. Tampoco sé si esto es de interés general o si solo me hace gracia y me da ternura a mí.

Espero que puedan comprender que, aunque no sea un hilo para el gran público, es una forma de homenajear a alguien que he querido muchisísimo.