
Hoy hemos estado en casa de E. y, hablando con él, nos ha dejado claro que no quería saber nada acerca de su enfermedad. Antes de irnos, su esposa nos acompañaba buscando hablar a solas con nosotras, ha comenzado a llorar y a preguntar todos los “por qués” que tantas veces hemos oído y para los que no hay respuesta... (muchas veces la respuesta no está en el viento, como dice la canción). También expresaba con pesar la falta de comunicación con su marido, el disimulo constante, aunque ella opinaba que él sabía... lo había visto llorar a hurtadillas, cuando creía que nadie podía verlo.
Pero él nos ha adivinado por una rendija de la puerta y al despedirnos, mientras me cogía con suavidad la mano, los ojos al borde del llanto y un amago de sonrisa en su cara, me ha dicho: “Por favor, déjelo como está”.
Por supuesto E., no te preocupes por eso.
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