Juana cuida a su madre enferma desde hace años.
Juana era feliz en las Islas Canarias, así lo describe ella, junto a su pareja y la
hija de ambos, las cosas iban bien y decidieron adoptar otra niña. Su padre cayó enfermo y el único hermano de Juana, mayor que ella, decidió
que él debía dedicarse a su trabajo y a su familia en la ciudad en la que
residía desde hace años y que era distinta a la que vivían sus padres; así que
habló con su hermana y le recordó la necesidad de que "alguien" se hiciera cargo
de sus padres. Juana volvió de Canarias, separada y con sus hijas. Buscó un
trabajo y se planteó otra forma de vida, la suya y la de sus hijas con sus
padres.
Un mal día se quedó sin trabajo. Pero siguió haciendo lo que ella creía
que tenía que hacer. Su padre falleció y Juana cuidaba de su madre viendo
crecer a sus hijas.
Algún fin de semana podía arreglárselo para tenerlo libre y poder
salir con sus amigos con el fin de airear su vida. A la vuelta de uno de ellos,
Juana tuvo un accidente en el que se fracturó 7 costillas, no se mató de
milagro. Tuvo que ir a rehabilitación durante meses a otro pueblo más grande
que distaba cincuenta kilómetros del suyo.

Cuando la veo le digo: Pero qué mala suerte, con todo lo que
tienes y encima te lesionas, necesitas rehabilitación tanto tiempo y… Mala suerte, dices? Yo creo que qué buena
suerte tuve de no morir en aquel accidente. Figúrate qué hubiera sido de mi madre y mis
hijas... Pero qué buena suerte tuve aquel día!!
2 comentarios:
No hay mucha gente con esa capacidad de sacrificio... Hoy me has hecho pensar que quizás nos miramos demasiado el ombligo.
Un abrazo afectuoso
Tienes razón querida Alondra. Hay mucha más gente de la que imaginamos con la capacidad de dar, de dar a manos llenas.
Un beso
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