Quizás por eso no disponemos de todo el tiempo que quisiéramos para dedicarlo a una de nuestras ocupaciones favoritas, nuestro blog. Lo sentimos amigos fieles que soléis asomaros a este rincón buscando vida y complicidad, y también por nosotras mismas ya que, al menos para mí, escribir en este blog me ayuda a parar y reflexionar mientras ordeno sentimientos e ideas y es, sobretodo, un placer.
Para mí, el cambio que se está produciendo en los últimos tiempos supone un traslado a otro lugar, en el que mi quehacer diario sigue siendo el mismo, los cuidados paliativos domiciliarios, y donde espero poder iniciar un tiempo de vida nuevo y diferente. Me alejo de cosas, más bien personas, muy, muy, queridas por mí y de lugares y costumbres, más bien afectos, que me llenan y me recolocan, aunque a veces dejo que algunos me ahoguen. Es por eso, seguramente, que ruedan muy a menudo las lágrimas por mi cara y siento que la vida me balancea hacia delante y hacia atrás, mientras mis pasos aún son torpes y dubitativos.
Mi vida profesional me ha llevado a muy diferentes lugares y durante mucho tiempo me acostumbré a las mudanzas frecuentes. Pero supongo que me hago mayor y quizás más sentimental, y los cambios me cuestan, aunque pienso que la etapa que inicio, y que de momento está siendo un poco dura, puede llegar a ser muy hermosa. Seguiremos compartiendo experiencias y cosas varias en este pequeño (en espacio físico), grande (en sensaciones y emociones) y entrañable espacio.
“La noche de la víspera de un viaje, al cesar el entumecimiento de las costumbres que están a punto de terminar, nos juzgamos”.
Marcel Proust
“Al regreso de un viaje nos preguntamos si es la Tierra la que se ha empequeñecido o somos nosotros los que nos hemos engrandecido”.
Paul Morand












